Actualmente los seres humanos tenemos una corteza cerebral muy desarrollada y, en consecuencia, capacidades intelectuales «avanzadas» que nos permiten tener facultades privilegiadas respecto al resto de especies. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que en lo más profundo de los seres humanos seguimos siendo arcaicos a nivel de estructura biológica y muy primitivos a nivel de reflejos y comportamientos. Es importante conocer esta realidad, ya que muchos de los conflictos psicológicos y enfermedades que sufre el organismo provienen de esta forma primitiva de funcionar del cerebro arcaico.
El ser humano de nuestros días sigue funcionando esencialmente desde el marco de la animalidad. Un gran ejemplo de ello es cuando al observar a un grupo de primates, podemos hacer la comparación con el ser humano y darnos cuenta de que las formas de reaccionar primitivas son exactamente iguales. Es por ello que a diario el ser humano se ve enfrentado a problemas muy básicos de territorio (por ejemplo por una plaza de aparcamiento); de pérdida de integridad (porque hayas sido reprendido por tu jefe); de falta de rendimiento (por una carrera perdida por una centésima de segundo); de inquietud por los hijos (a causa de sus malos resultados escolares); por miedo de carecer (a causa de un periodo de paro); de elección de dirección (ante las dudas acerca de qué elegir); de lucha por la posición dominante (a causa de un ascenso que no se llega a producir); de ruptura de contacto (si tu pareja se va a vivir lejos).
Por otra parte, la ciencia ha ido demostrando que nuestro cerebro arcaico no hace una distinción entre lo real, lo simbólico, lo virtual y lo imaginario. Lo trata todo como si fuera la misma realidad. Igual que nuestro cerebro arcaico no hace diferencia entre el pasado, el presente y el futuro.
Es importante comprender que la humanidad ha evolucionado en cuanto a medios adaptativos para una mejor supervivencia como colectivo y como especie, pero el ritmo evolutivo del cerebro humano es mucho más lento y sigue siendo un cerebro arcaico.
Podemos creer que la diversidad de nuestros conflictos más primitivos es infinita porque los podemos encontrar en situaciones diferentes. Sin embargo esto no es así ya que las dificultades a las que el ser humano se enfrenta se pueden clasificar en pocos temas muy esenciales y nucleares que se corresponden a necesidades vitales. Estos conflictos arcaicos están vinculados directamente a funciones fisiológicamente primordiales como respirar, beber, comer, evacuar, reproducirse o dormir.
CLASIFICACIÓN DE LOS CONFLICTOS
1.- Conflicto vital de atrapar el bocado (endodermo): son los conflictos que se relacionan con la supervivencia.
2.- Conflicto de desprotección (mesodermos nuevo): son los conflictos que se relacionan con la necesidad de protección.
3.- Conflicto de comparación y desvalorización (mesodermo nuevo): son los conflictos que se relacionan la falta de valor propio.
4.- Conflicto de relación, territorio y miedos existenciales (ectodermo): son los conflictos que se relacionan la necesidad de estar en contacto con otros.
NIVELES DE ESTRÉS
Cuando el cerebro detecta un aumento constante e intenso en los niveles de estrés en el organismo, significa que hay peligro y tendrá en cuenta nuestra emoción visceral para informarse sobre la naturaleza de este peligro. Cuando esto sucede al cerebro no le interesa nunca lo que vivimos ya que solo se interesa por nuestra manera de vivirlo, es decir, nuestro resentir en cuanto a la gravedad del peligro y a la urgencia de la situación. No debemos olvidar que la función del cerebro realmente es poner una solución a lo que está sucediendo y resolver las dificultades, la manifestación que se produce es una solución perfecta aunque esto pueda provocar una enfermedad, ya que la respuesta puede ser arcaica y estar totalmente desadaptada en el presente.
RESOLVER CONFLICTOS PRIMITIVOS
Descubrir y Comprender el origen biológico de estos conflictos se hace esencial para poder resolver las dificultades y el estrés crónico al que estamos en ocasiones sometidos.
Las propuestas terapéuticas que ayudarían a resolver estos conflictos son aquellas dirigidas a descubrir la verdadera causa de la manifestación que hace sufrir o limita para que no perdure o reaparezca regularmente. El problema surge cuando el cerebro arcaico se pone a trabajar para ayudar a gestionar un estrés específico que está inducido por una situación crítica de la que no somos conscientes (a causa de nuestra inconsciencia) y que la solución pasaría por poner en marcha la conciencia de lo que está sucediendo y el por qué, para así poner fin a las manifestaciones producto del cerebro arcaico (Elias Alonso Vidal).
Las heridas emocionales
Por otra parte, hay que considerar también las heridas emocionales de la infancia. Son traumas que experimentamos debido a experiencias dolorosas en nuestra vida. Estas heridas pueden manifestarse como problemas emocionales (ansiedad, depresión, baja autoestima o dificultad para confiar en otros). Las heridas emocionales pueden ser tan reales y duraderas como las heridas físicas, afectando a nuestro bienestar emocional.

La memoria celular
Se entiende por memoria celular (o memoria biológica) la idea de que las células del cuerpo humano pueden retener información o “memorias” de experiencias pasadas, incluyendo experiencias emocionales o traumáticas, y que estas memorias pueden influir en la salud y el bienestar de una persona.
Esto podría explicar el trauma transgeneracional o porqué repetimos los conflictos de nuestros antepasados. Es un área que está siendo investigada en neurociencia y que se podría relacionar con la epigenética.
ERROR DE PERCEPCIÓN
Nuestras experiencias siempre vendrán determinadas por nuestra forma de ver y entender la vida, por nuestras creencias y las de nuestro sistema familiar.
Para poder ver la realidad que nos rodea es fundamental, necesario y obligatorio tomar conciencia de nuestros procesos cognoscitivos y los filtros a través de los cuales percibimos.
Confiar y tomar por buena nuestra percepción es una forma de engañarnos que nos mantiene atados a bucles de comportamientos. Esto nos impide evolucionar y cambiar nuestra vida.
Hay una frase que dice: “Razonar es buscar razones para seguir pensando lo que ya pensaba”. Todas las formas de ver el mundo son funcionales y adaptativas si propician nuestro bienestar. Pero si no nos hacen ser felices cabría preguntarse: ¿en qué me sigo engañando para no ser feliz?
Comprender que aquello que vemos, nuestra percepción de una situación concreta, es apenas un pequeño fragmento de la realidad es el primer paso para ampliar nuestra forma de ver el mundo.
No vemos las cosas como son, sino que vemos las cosas como somos. Nuestro punto de vista cotidiano de la vida y lo que nos sucede en ella no suele ser espiritual sino materialista (y puede que también egoísta). Ser conscientes de esto y poder desapegarnos de esa limitada visión para alcanzar una perspectiva más elevada con la que comprender lo que nos sucede, nos abre las puertas a construir y accionar coherentemente con la vida que queremos vivir.
El desafío es convertirnos en observadores de nuestras experiencias cotidianas, de aquello que nos agrada y desagrada, así como de nuestras relaciones, y poder aplicar a todo ello una mirada espiritual que nos aporte comprensión, aceptación y, finalmente, paz interior.
Para concluir podemos decir finalmente que es la conciencia lo que cura. La parte biológica deja de ocuparse de los problemas desde el momento en que hay plena conciencia de lo que está realmente sucediendo, que puede ser una enfermedad o un bloqueo.
Joaquín Ferrer



