La Biblia no es la Biblia (2/2)

Continúa desde la PARTE 1

Varias décadas más tarde, en el año 538 a.C. a los judíos de Babilonia se les permitió regresar a la Tierra de Israel, gracias al decreto de Ciro el Grande.

A su regreso, esta clase dirigente divulgó la doctrina que traían escrita en sus pergaminos como la verdadera palabra de Dios. Esto produjo varios cismas antes de que pudiera acabar imponiéndose, ya que no todos estuvieron dispuestos a aceptar como auténtico el contenido de dichos manuscritos.

Oposiciones a la Biblia traída de Babilonia

La oposición más destacable fue la de los samaritanos, quienes adujeron que la tradición oral trasmitida por sus antepasados desmentía ciertas afirmaciones de la Torá.

Por otra parte, antes de que Nabucodonosor tomara Jerusalén, ante la inminente invasión o por otra razón, muchos judíos emigraron de su tierra, buscaron asilo en Egipto y construyeron un templo en una isla del Nilo: Elefantina. Y un papiro hallado en Elefantina retrata un judaísmo simple y diferente de aquel que se narra en el Antiguo Testamento: el que fue elaborado durante el destierro en Babilonia con la intención añadida de dotar al pueblo judío de un sentido de identidad racial, religiosa y nacional.

La Reina de los Cielos

El profeta Jeremías, antes de la conquista babilónica, predica contra la arraigada costumbre judía de adorar, junto a Yavhé, a la diosa llamada por él “Reina de los Cielos”. También amonesta por carta a los habitantes de Elefantina por la misma razón. Y estos responden a su misiva de esta manera:

«En eso que nos has dicho en nombre de Yahveh, no te hacemos caso, sino que cumpliremos precisamente cuanto tenemos prometido, que es quemar incienso a la Reina de los Cielos y hacerle libaciones, como venimos haciendo nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros jefes en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que nos hartábamos de pan, éramos felices y ningún mal nos sucedía. En cambio, desde que dejamos de quemar incienso a la Reina de los Cielos y de hacerle libaciones, carecemos de todo, y por la espada y el hambre somos acabados.» 

Se cree que la así llamada “Reina de los Cielos”, podría ser la diosa Ishtar. En este sentido, resulta interesante la relación entre la palabra hebrea kawwānȋm, el término empleado por Jeremías para describir el culto a la Reina del Cielo, y el acadio kamānu, utilizado en documentos que detallan ofrendas a Ishtar.

Inspirado pero no sagrado

Sin duda el Antiguo Testamento es un libro lleno de sabiduría y pasajes espirituales muy inspirados. No obstante, no hay que dejarse deslumbrar por ellos y elevarlo a la categoría de sagrado, olvidando la interesada intervención terrenal del ser humano.

Joaquín Ferrer (Neocristianismo: La revolución necesaria)

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