Las enfermedades congénitas en biodescodificación

INTRODUCCIÓN

Afortunadamente, cada vez hay más gente que entiende que los conflictos emocionales sin solucionar pueden somatizarse en enfermedades, a pesar de que a la industria farmacéutica y a su amplio ámbito de influencia (por ejemplo, financian la formación de los estudiantes de medicina) no les interesa que tengamos ese conocimiento que, por otra parte, es fácil de observar y de sentido común.

Paradójicamente, en medicina hay una especialidad llamada Psiconeuroinmunología que parte de la base de que las emociones provocan cambios tanto a nivel de sistema hormonal como inmunitario.

Puede que sinceramente no seamos conscientes de que padecemos un trauma o unas emociones o sentimientos que son dañinos, o que nos autoengañemos negándolos, o que los reprimamos para que nadie se entere o para que no nos moleste. Seguramente, lo que se esconde detrás de esa ignorancia y esas negaciones es la impotencia por no saber cómo enfrentarse a ellos con éxito. Al final, ese conflicto no resuelto se manifestará en nuestra vida (protestará) de un modo u otro.

Todo ello no excluye la existencia de enfermedades debidas a condicionantes puramente biológicos: excesos, desgaste, distracciones, intoxicaciones, accidentes, etc.

Abundando en la relación entre las emociones y la enfermedad, cabe deducir que si no nos  sentimos equilibrados y en paz con nosotros mismos es por algo, y nos conviene averiguar cuál es ese algo.

Por ejemplo, decía Krishnamurti que “No es síntoma de buena salud, estar bien adaptado a una sociedad enferma”. En ese sentido, la interacción entre las normas sociales y nuestra manera espontánea, natural y sana de ser (cuando la cultura predominante lo considera inapropiado) puede ser una gran fuente de conflicto interno.

Al margen de ello, he aquí algunos DATOS MÉDICOS para reflexionar:

– LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS SON ÁCIDOS (y un promedio de al menos el 70% de nuestros pensamientos son negativos). En la interpretación de la realidad que hacen dichos pensamientos está el origen de las Emociones Negativas, que son las que finalmente nos enferman. Los pensamientos consumen energía, al igual que la actividad física. Cuanto más negativos son, más energía consumen y con mayor grado de toxicidad.

“La mente es energía. Cuando piensas, transmites energía, y los pensamientos son más poderosos que la química. Así que esto es peor para las empresas farmacéuticas porque no lo pueden vender. Por tanto, no les interesa una conexión entre la mente y el cuerpo” (Bruce Lipton).

– Hace unos años se llegó a la conclusión de que MÁS DEL 50% DE LAS ENFERMEDADES TIENEN SU ORIGEN EN EL ESTRÉS. Y como el ritmo de vida de la sociedad y la tecnología cada vez es más absorbente y estresante, lógicamente el porcentaje de enfermedades debidas al estrés habrá aumentado también proporcionalmente.

– La proliferación de LOS CASOS DE CÁNCER puede explicarse estadísticamente de forma parcial porque en ninguna época anterior ha habido tantos contaminantes en el medio ambiente y productos tóxicos o no naturales en la alimentación como ahora. Por otro lado, cabe mencionar que es sabido y asumido por la clase médica que, en la detección temprana de tumores, se pueden “diagnosticar y tratar cánceres que nunca se hubieran desarrollado” (extracto literal de un folleto para la prevención del cáncer de mama).

– MÁS DEL 50% DE LOS PROBLEMAS PSICOLÓGICOS TIENEN SU ORIGEN EN LA FALTA DEL SENTIDO DE LA VIDA (Irvin Yalom. 1984).

– Tanto la Física Cuántica como la Epigenética postulan que La Energía es anterior a La Materia, y crea a ésta o la modifica. Y profundizando en los descubrimientos de la Física Cuántica, si la energía a su vez procede de una Inteligencia Superior, entonces cabe preguntarse: ¿Quién nos pensó?… Lo cual nos lleva a un plano metafísico en donde todo lo creado tiene un propósito (aunque no sepamos cuál es), se rige por unas leyes y nada sucede por azar.

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LAS ENFERMEDADES CONGÉNITAS

Llegados a este punto, es hora de hablar de aquellas enfermedades o malformaciones que algunas personas arrastran desde su nacimiento, o desde su tierna infancia, sin ninguna razón biológica o emocional que las explique. Puede que una especie de funesta lotería genética justifique algunas de ellas, pero muchas otras no tienen antecedentes que respalden su aparición.

Dentro de este grupo de enfermedades, podemos incluir también a aquellas que surgen espontáneamente en algún momento de la etapa adulta y que, igualmente, puede descartarse que sean consecuencia de problemas biológicos o emocionales que corresponden a la persona que las padece. Hablamos de enfermedades como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o ciertas enfermedades raras.

En el campo de la biodescodificación

en el análisis que se hace de este tipo de enfermedades, se explica que los traumas son situaciones muy complejas que no solo afectan a quienes los padecen, sino también a sus hijos y futuras generaciones. Entonces, llamamos Transgeneracional a la información que el inconsciente biológico guarda y que el clan familiar transmite de generación en generación para que el conflicto se pueda resolver en la posterior descendencia. ¿Cómo resolverlo? Manifestándolo en algún “adecuado” descendiente del clan, con el propósito de que éste lo haga consciente y lo repare, ya sea expiándolo o encontrando una solución mejor a la que generó el trauma y, de esa manera, se sane el árbol familiar y el conflicto deje de transmitirse genéticamente o transgeneracionalmente en sincronía. ¿Y si la persona no es capaz de solucionar el conflicto heredado? Bueno, la Vida es tan buena maestra que cuando no aprendes una lección te la repite… o se extingue el clan familiar.

El sentido espiritual de una enfermedad

Por otra parte, también hemos de ser conscientes de que la vida material tiene principalmente un sentido espiritual. Toda vida representa unos retos que hemos de afrontar; todas las demás consideraciones están supeditadas al aprendizaje y la experiencia de que esos retos (y de nuestras decisiones frente a ellos) hemos de extraer. Por lo tanto, espiritualmente hablando, hay ocasiones en las que recuperar la salud física no es la prioridad del alma.

Decía Einstein que “ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en el que se creó”. Suceden circunstancias en la vida que, para poder entenderlas, antes hemos de evolucionar lo suficiente para comprender mejor el proceso que ha llevado a ellas, y aceptarlo.

Los conflictos que tienen un origen anterior al nacimiento

llamados conflictos estructurales, por sus características hay que ser conscientes de que no siempre se pueden solucionar aun tomando conciencia, haciendo un duelo o un acto psicomágico. Son como la estructura de un edificio: si los cimientos están mal ya no se pueden cambiar/arreglar pero sí se puede rehabilitar el edificio y, por lo tanto, mejorar en cierto modo.

Por ejemplo, los problemas de huesos indican una autodevaluación en lo que soy. Si esa desvalorización es heredada epigenéticamente, está en nuestra estructura. No obstante, ello no nos impide trabajar ese aspecto en nosotros. De hecho, seguramente eso es lo que hay que hacer. El «para qué» de esa deficiencia.

En nuestro presente ciclo de vida

los conflictos que se somatizan en enfermedades tienen una raíz visceral más que psicológica. Por ejemplo, según sea la forma de interpretar una vivencia en un momento dado, puede esa vivencia generar un trauma o no. También una idea retenida en la mente puede convertirse en una creencia y, esa creencia, llevarnos a sentir emociones viscerales (miedo, aversión, ira, tristeza, etc.) que se transforman en sobre estrés, resentimiento, fanatismo o un fatalismo que afectará negativamente a nuestra salud.

Por lo tanto, se tiene que afrontar esa visceralidad, aunque se utilicen recursos psicológicos para hacerlo. Sabemos que la mente actúa sobre el cuerpo y las creencias sobre la mente, así que tenemos la oportunidad de actuar sobre el cuerpo, operando sobre las creencias. «Si las creencias o las decisiones que tomas no te dan la paz, no son las ideas adecuadas… Elige de nuevo».

Los conflictos estructurales

suelen señalar que hay un camino de crecimiento personal que emprender. Y en la medida que vayamos elevando nuestro nivel de comprensión y de vibración por ese camino, los síntomas pueden mejorar.

Desde el punto de vista del alma, hay un proyecto de vida para esta vida. Hay un propósito elegido antes de nacer y, para cumplirlo, nacemos en un determinado lugar, en una determinada familia y con unas características físicas y astrológicas predefinidas, que son coincidentes con nuestra misión (voluntaria o kármica) en esta encarnación.

Por lo tanto, cuando tomamos conciencia de algo y tomamos decisiones al respecto (y/o hacemos una carta de dimisión sobre una herencia transgeneracional que ya no aceptamos), ciertamente podemos liberarnos de cargas añadidas que no nos corresponden y nos dificultan cumplir nuestro elegido destino. Ahora bien, hay experiencias que hemos decidido vivir antes de nacer y, por consiguiente, las vamos a ver materializadas inevitablemente en nuestras vidas.

“Cuando no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el reto de cambiarnos a nosotros mismos”. Victor Frankl.

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En definitiva

desde un punto de vista elevado y espiritual, el sentido de la vida siempre es afrontar el reto de “dar la mejor versión de nosotros mismos, a pesar de cualquier circunstancia adversa que nos ponga la vida”. La misión es expresar la esencia de amor que somos lo mejor que podamos y de acuerdo a nuestras personales características.

Joaquín Ferrer

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