La biodescodificación del coronavirus

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La pandemia del coronavirus

provoca que nos hagamos preguntas de toda índole, desde las sanitarias a las relacionadas con posibles teorías de la conspiración. Y entre las preguntas que podemos hacernos, están las que tratan de averiguar el “para qué” ha venido esta plaga. Es decir, si esa enfermedad tiene algún sentido profundo, algún mensaje que dar a la población mundial y, en caso afirmativo, qué mensaje es.

Desde el punto de vista del campo terapéutico de la psicodescodificación

(o biodescodificación, bioneuroemoción, etc.), las enfermedades surgen como manifestación de un conflicto sin resolver que escondemos en el inconsciente pero pugna por salir a la luz. Por lo tanto, el primer paso para sanar los síntomas sería tomar conciencia de cuál es el conflicto oculto y, posteriormente, tomar medidas para solucionarlo.

Dada la reciente aparición de esta enfermedad infecciosa, es de entender que aún se esté en proceso de estudio y no haya un consenso definido y definitivo sobre cuál es la descodificación más correcta. En lo que sí hay acuerdo, es en saber la función que los virus en general tienen en una enfermedad, y que es distinta de la de las bacterias, los hongos y los parásitos.

Teniendo en cuenta esas características específicas de los virus, como experto en psicodescodificación, voy a compartir en este artículo mis reflexiones sobre cuál puede ser el mensaje que quiere transmitirnos el coronavirus: su “para qué”; dejando claro que mi punto de vista es personal ya que, como he dicho antes, no hay aún una postura oficial de este sector.

Al final de este artículo expondré y argumentaré mis conclusiones, no obstante, primero considero necesario hacer un extenso preámbulo, para poner en antecedentes a los lectores sobre lo qué afirma la psicodescodificación en relación al papel de los microorganismos en la evolución de las enfermedades.

La cuarta Ley Biológica del Dr. Hamer

Simplificando mucho (demasiado), la cuarta Ley Biológica del Dr. Hamer postula que los microorganismos están en el cuerpo como soldados bajo las órdenes de la mente inconsciente. Si ésta les ordena actuar en un determinado sentido, ellos obedecen: el sistema inmunitario baja “voluntariamente” sus defensas y deja que los gérmenes actúen para el propósito biológico que se les ha marcado. Eso incluye los casos en que la persona, por razones psico-emocionales diversas, elige autoagredirse o castigarse. Hay que tener en cuenta que, para la biología, la supervivencia de la especie está por encima de la del individuo (quien quiera saber más sobre las leyes biológicas de Hamer, en Internet encontrará información con facilidad).

Conviene saber que el cuerpo humano es portador de una población de microbios diez veces más numerosa que el número de células de nuestro cuerpo. Estos gérmenes, generalmente conviven armónicamente con nosotros y nos benefician; por ejemplo, las bacterias del intestino (la flora intestinal) son fundamentales para fortalecer nuestro sistema inmunitario, y patógenos como el herpes o la gripe viven permanentemente dentro de nosotros inactivos, salvo que por alguna razón nuestro inconsciente decida “ponerlos a trabajar” o permitir la entrada a una especie exótica o nueva (como el coronavirus).

Las epidemias

Por ejemplo, para los indios centro y sudamericanos, el sarampión era una enfermedad exótica cuando llegaron los conquistadores. Mató a centenares de nativos adultos, pero no a los niños. El conflicto base para los adultos, que no para los niños en su inocencia, era “esto me huele mal”.

Otro ejemplo, las enfermedades infantiles frecuentemente suceden durante las dificultades escolares, cuando vive el niño un conflicto emocional con los padres o cuando está ansioso frente a una situación. Los niños expresan con su cuerpo todo lo que no pueden decir con palabras, y resurgen de cada evento con mayor crecimiento y madurez, en una experiencia de vida que les ayuda a ver con otros ojos la realidad en que habitan. Así pues, puede resultarle muy estresante aprender a leer, pero después de la enfermedad nos encontramos con que aprende con más rapidez y facilidad.

Resumiendo la función de cada microorganismo

Los hongos comen materia muerta y hacen de basureros, son los que descomponen y limpian las células que crecieron durante un conflicto activo. Las bacterias acuden como los bomberos a un incendio, para tratar de apagarlo, dándose la paradoja de que se confunden con el pirómano. Los virus, por su parte, tienen la particularidad de que solo se reproducen dentro de una célula, haciendo penetrar en ella su bagaje genético para duplicarse, lo que permite modificar algunas informaciones de la célula contagiada. Por lo tanto, un virus viene a dar o cambiar una información y, si me resisto a aceptarla, presentaré los síntomas de una enfermedad vírica.

El virus lleva una información holística: no apunta al individuo sino a la colectividad. La información es para el colectivo. Por eso sobreviven las personas que mejor se adaptan y tienen una mente más flexible: los niños sobre todo.

Más recientemente, el virus del Sida, más allá de su mortalidad y trascendida la creencia de “castigo divino” (incluso entre quienes lo padecían), trajo como consecuencia social una mayor visibilidad sobre la homosexualidad y la hipócrita moral sexual dominante. Eso ha permitido una mayor tolerancia y respeto hacia esas tendencias y comportamientos. Y aquellos sectores que se resisten a esa nueva visión, cada vez están más desprestigiados.

Tras todo lo expuesto, en relación al coronavirus es de destacar que, a nivel mundial, se ha producido una repentina toma de conciencia de que el cambio climático ya ha llegado. Con hitos trágicos como los grandes incendios de Australia o el Amazonas, la gente se está concienciando y lo está viviendo de forma alarmante y con sensación de urgencia. Sin embargo, los políticos no hacen caso y agravan el problema mirando hacia otro lado.

Los síntomas del coronavirus

afectan principalmente a los pulmones, la garganta y la cabeza (dolor y fiebre). Si los descodificamos, los pulmones están relacionados con la sensación de peligro de morir de asfixia (aire contaminado), la tos seca de garganta equivale a un ladrido frente a los políticos que no hacen nada, y los dolores de cabeza y la fiebre con la sensación latente en el inconsciente colectivo de que «por más que lo pienso no veo que vayan a actuar y eso me enciende».

Así pues, lo considero un intento de la naturaleza por abrirnos los ojos a un problema mundial grave.

Hay otro aspecto interesante de todo esto. La lucha contra el coronavirus requiere de la colaboración de todos, de que dejemos nuestros egoísmos aparcados y vayamos todos en una misma dirección de forma coordinada y decidida. Por lo tanto, indirectamente, de que desarrollemos más nuestra capacidad empática y amorosa.

Bien mirado, ¿de qué otra forma se puede luchar contra el cambio climático sino es con la colaboración de todos? Los gobernantes ahora saben de lo que son y somos todos capaces de hacer, ellos y nosotros, si nos unimos. Y si se quiere se puede.

Glándula pineal y tecnología 5G

Otro aspecto actual que llama mi atención es el hecho de que la tecnología 5G parece destinada a invadir la tierra irremediablemente. Lo que me resulta más llamativo no es el hecho de que, una vez más, los intereses privados consigan que se obvie un análisis previo y serio de sus posibles repercusiones en la salud (eso ya pasó con el carbón y el petróleo, y así empezó el cambio climático), lo más inquietante es el hecho de que esa tecnología utilice cristales de calcita como soporte, siendo una sombrosa coincidencia que igualmente la glándula pineal de nuestro cerebro se sustenta con cristales de calcita.

Dado que la glándula pineal es, ni más ni menos, la directora de orquesta de todo el organismo, la que potencia la creatividad y hasta las facultades extrasensoriales (“el asiento del alma”, en palabras de Descartes), no estaría de más tomarse en serio si hay interacciones o interferencias entre los campos magnéticos de la tecnología 5G y nuestra glándula pineal. Y eso no se ha hecho. Quién sabe, a lo mejor hasta resulta beneficiosa esa interacción, pero habrá que averiguarlo por si no es así.

La arrogancia del ser humano, su avaricia e inconsciencia le llevan a despreciar a sus semejantes y a las reglas de la naturaleza, y ésta nos demuestra con un simple virus nuestra fragilidad (como individuos y como especie) y nos obliga a un retiro forzoso y a la introspección, a ver si así salimos más humildes y solidarios; poniendo orden en nuestras prioridades para valorar cosas que antes subestimábamos, en detrimento de otras más superfluas, como: pasear, los afectos… y el papel higiénico!

Hemos descubierto que podemos vivir sin fútbol, sin ir a los bares, al cine, al culto religioso o la actividad que sea nuestro hobby. Hemos descubierto que echamos de menos el contacto humano por encima de las redes sociales, justamente cuando las actividades online son nuestro último recurso.

Hemos descubierto lo manipulables que somos… y lo solidarios que podemos ser también.

La Era de Acuario

Y una última reflexión para finalizar, estamos llegando a la tan anunciada Era de Acuario. Supongo que habrá gente a la que ese dato le traiga sin cuidado, habida cuenta del mal uso comercial que de la astrología se hace y se ha hecho. Sin embargo, es de destacar que personajes cultos y relevantes como Newton, Kepler y Carl Jung la han considerado fiable (que no se sepa porqué funciona no quiere decir que sea falsa).

Las Eras no terminan y cambian abruptamente. Esto es muy importante tenerlo en cuenta tratándose de periodos de tiempo tan largos -una duración aproximada de 2150 años-. Es lógico que los primeros tiempos de la Era sean de transición, o sea, queda una parte de la anterior, y se va imponiendo la siguiente.

Si la Era Piscis (signo de agua) estuvo marcada por la comunicación a través del mar, y por una mentalidad emotiva, soñadora y visionaria que favoreció las supersticiones y el fanatismo religioso, la mentalidad acuariana (signo de aire) es muy distinta: lógica, libre, creativa y colaborativa, buscando que la humanidad viva de manera pacífica y armoniosa… Cuando consiga imponerse. Es por esta razón que han tomado tanto auge las terapias holísticas.

En definitiva, en esta época de transición hacia una nueva mentalidad, el coronavirus sería la tarjeta de visita de Acuario diciendo: “Estoy llegando”.

Joaquín Ferrer

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