La base de la biodescodificación es que nuestras dañinas emociones y la falta de control sobre nuestra mente son la causa de casi todos los efectos que se somatizan en nuestro cuerpo o que se manifiestan en nuestra vida. Si nuestros pensamientos y emociones son la causa de lo que nos ocurre, tenemos el poder de cambiar nuestras vidas cambiando nuestra percepción y, con ello, nuestro estado del ser.
Casi todos, pero no todos. Según diversos estudios, el porcentaje de enfermedades de origen emocional es al menos de un setenta por ciento. Como consecuencia, cabe deducir igualmente que hay enfermedades y síntomas físicos que no son de origen emocional porque sus causas son puramente biológicas.
En una contaminación, intoxicación, envenenamiento o enfermedad causada por un patógeno nuevo, no hay porqué considerar que haya un origen emocional. Aunque, dependiendo de nuestro estado emocional, seremos más o menos vulnerables. También hay malestares que se deben únicamente a excesos o a puro desgaste biológico.
EL PUNTO DE VISTA
Ahora bien, si en lugar de aplicar el punto de vista convencional en el que nos movemos, nos vamos al enfoque metafísico en el que todo tiene una razón de ser y nada ocurre por azar, podríamos especular mucho más imaginando un origen kármico u otras cuestiones, lo que sin duda sería interesante; pero ponerse a especular, si no se va a sacar nada en claro de esas especulaciones, no resulta útil ni práctico.
Así por ejemplo, es normal que debido al estrés o sobreesfuerzo un futbolista se lesione de vez en cuando, que un obrero tenga dolores musculares y otros síntomas a consecuencia de su trabajo y que las inclemencias del tiempo pasen factura física. Y lo mismo vale para una forma inadecuada de alimentarse.
Ahora bien, si esas lesiones o dolencias son provocadas o agravadas por una actitud negativa respecto a la forma de afrontar su trabajo o sus circunstancias (un enfoque mental o emocional erróneo), entonces sí hay algo psicosomático que analizar.
Biologizaciones y Creencias Limitantes
También hay que saber diferenciar entre biologizaciones (somatizaciones leves y puntuales de pequeñas contrariedades) y choques biológicos (algo que atenta a mi vida). Lo primero se puede soslayar por insignificante; pero lo último es lo que hay que descodificar.
De igual manera, es importante identificar nuestras posibles creencias limitantes de capacidad, de posibilidad o de merecimiento para, al reconocerlas, saberlas afrontar, encontrando mecanismos para contrarrestarlas.
VICTIMISMO
A la mayoría nos han enseñado vivir bajo el paradigma del victimismo: es decir que lo que nos sucede no tiene que ver con nosotros, sino con causas externas y azarosas. Cuando una persona cree que es víctima de su pasado, de su contexto, de su cuerpo, de Dios, del capricho o de una pareja, vive en constante estrés porque en su interior siente que no es capaz de cambiar aquello que le produce dolor.
Es verdad que muchos hemos nacido en contextos pocos favorables para desarrollar nuestros recursos y que podríamos estar tentados a vernos como “víctimas” de nuestro pasado. Pero no es lo mismo ser víctima que victimizarse.
Sí, es posible que tu pasado, como el mío y el de tantos otros, haya sido hostil con el niño que eras, pero no por eso vas a victimizarte toda la vida, ¿verdad?
El victimismo impide responsabilizarse de lo que nos sucede porque, como soy una víctima, considero que no hay nada que yo pueda hacer para cambiar mis adversas circunstancias.
Por el contrario, el paradigma de la biodescodificación, te hace ser consciente de que son tus pensamientos (conscientes o inconscientes) los que han creado la situación presente que estás viviendo. Por lo tanto, si quieres cambiar tu futuro tendrás que trabajar sobre los pensamientos y las creencias que arrastras. Tienes ese poder y esa responsabilidad.
En resumen, se puede aceptar que la lógica de la biodescodificación es aplicable a la mayoría de los casos, sin necesidad de caer en el fanatismo de creer que todo tiene un origen psico-emocional.
Joaquín Ferrer




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