La Resurrección de Cristo (2/2)

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HIPÓTESIS METAFÍSICA SOBRE LA RESURRECCIÓN

Biológicamente, es imposible que un ser humano fallecido resucite. Ahora bien, si nos guiamos por las enseñanzas que el apóstol Tomas dejó en la India, tenemos que Jesús era un ser humano como nosotros pero, para cumplir su trascendental misión, la divinidad le ayudaba poseyendo a su persona en las ocasiones en que era pertinente; lo cual le dotaba de dones extraordinarios eventualmente y, lógicamente y como consecuencia, también con un nivel vibratorio excepcionalmente elevado.

Todo indica que Jesús, una vez apresado, sufre los padecimientos que le llevan a su crucifixión y muerte sin ayuda divina. Y con su muerte se culmina con éxito su misión sobrenatural: un ser humano ha despertado al conocimiento de la naturaleza espiritual y ha sido fiel a ella con una determinación y fe inquebrantables. Y el hecho de culminar con éxito su sagrada tarea, permite que las puertas de la salvación queden abiertas para todo aquel que quiera seguir el camino que él nos ha descubierto.

Como merecida recompensa y colofón al leal cumplimiento de su cometido divino, Dios cumple la promesa dada al comienzo de su insólita misión –y profetizada en el Salmo de David: «no dejarás que tu santo vea corrupción»- y le insufla de nuevo vida.

¿Cómo?

Hoy en día, gracias a la ciencia sabemos que la Energía es lo que crea y sustenta la materia. Y también presuponemos que hay una Inteligencia superior que crea y dirige esa energía con el poder de su intención y voluntad. Por lo tanto, hipotéticamente, es posible devolver a un cuerpo su energía vital si dicha Inteligencia decide hacerlo.

En palabras de Max Planck (Premio Nobel de Física): “A raíz de mis exploraciones en el campo atómico, declaro lo siguiente: No existe la materia en sí”.

“Toda materia nace y permanece únicamente en virtud de una Fuerza que pone en vibración las partículas intraatómicas y las mantiene vinculadas… debemos admitir detrás de la Fuerza mencionada la presencia de un Espíritu consciente inteligente, o sea que EL FUNDAMENTO ESENCIAL DE LA MATERIA ES DICHO ESPIRITU».

“Ya que según vimos la Materia no existe sin este Espíritu, lo real, cierto y efectivo no es la Materia visible y transitoria, sino el Espíritu invisible e inmortal”.

De acuerdo con la metafísica

el ser humano está compuesto de cuerpo físico, cuerpo astral (el molde energético del cuerpo físico) y alma; siendo el alma un vehículo que transita por múltiples egos y los trasciende, en su evolución para asemejarse lo más posible al Espíritu Santo original e inmutable del que es una proyección.

Pues bien, tras el fallecimiento, el cuerpo físico entra en una dinámica de putrefacción y se va descomponiendo. Por su parte, se considera que el cuerpo etérico se disuelve en no más de 72 horas. De tal manera que el alma, ya sin la envoltura físico-etérica, entra en una fase de tránsito o estado intermedio entre el mundo que acaba de abandonar y el plano de luz. Así permanece un tiempo indefinido, mientras aún no se haya liberado de los apegos emocionales y mentales correspondientes a su encarnación.

Sin embargo, el caso de Jesucristo es completamente diferente y, por lo tanto, todo el proceso que hemos mencionado, también.

Dadas sus cualidades espirituales y la pureza con la que vivió, Jesús se hizo digno de ser poseído por el Cristo “unigénito” celestial tras su bautismo en el río Jordán. Y puesto que su cuerpo fallecido estaba impregnado de esa energía crística y su excepcionalmente elevada vibración, no entró en la dinámica de la putrefacción sino que experimentó un fenómeno energético de desintegración, que dejo una marca radioactiva en el lienzo que lo envolvía.

Su cuerpo etérico, enteramente permeado por la fuerza crística, no sólo no se diluyó sino que se transformó en el “cuerpo de resurrección” que, a voluntad, Cristo podía utilizarlo para densificarlo más o menos y manifestarse físicamente durante el tiempo en que aún estuvo entre nosotros.

“A la par que la dimensión espiritual de Cristo retornó a los Cielos, su cuerpo etérico transformado y expandido se hizo uno con el cuerpo etérico de la Tierra, que quedó así impregnada de lo crístico para siempre” (Emilio Carrillo. La sabiduría y el significado profundo de las enseñanzas de Jesús de Nazaret). De esa manera, como su energía salvadora permanece en el campo astral de la Madre Tierra, cualquiera que lo desee puede emocionalmente orientarse hacia ella, invocarla o utilizarla como inspiración.

Quizás por ello, mientras Jesús le dice en la cruz al buen ladrón que esa noche estará con él en el paraíso -es decir, que su alma rescatada volverá al reino de la luz en el que el espíritu de Cristo siempre ha estado-, cuando se aparece a María Magdalena le dice que “aún no he subido a mi Padre”, porque ella y los apóstoles lo que están viendo es el cuerpo etérico de Jesús densificado.

La Transfiguración

Abundando en esta hipótesis, es de destacar que los evangelios relatan cómo, un tiempo antes de que Jesús fuera apresado, Jesús se transfiguró y de su cuerpo emanó una luz tan potente que cejó por unos instantes a los apóstoles que estaban con él. Y también, poco después, cuando a Jesús le avisan de que su amigo Lázaro está muy enfermo y le piden que vaya a curarlo, él prefiere esperar tranquilamente a que muera para ir a resucitarlo cuando ya lleva cuatro días fallecido.

Da la impresión de que Jesús está comprobando el alcance de sus poderes energéticos como Jesucristo, antes del trascendental desenlace que le espera.

Joaquín Ferrer

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La Resurrección de Cristo (1/2)

Artículo extraído del Libro: NEOCRISTIANISMO: La Revolución Necesaria

Los apóstoles necesitaron ver a Jesús resucitado con sus propios ojos para entender cuál había sido el verdadero sentido de su vida y de su mensaje. En ese momento, y ante tan extraordinario hecho, se dieron definitivamente cuenta de que sus enseñanzas no tenían como objetivo liberar al pueblo judío de los romanos, ni restablecer ningún teocrático reino terrenal. Su innovador y salvador mensaje era más profundo e iba más allá de esas cuestiones.

El impacto de ver a Jesús resucitado, dio a los apóstoles la convicción y la energía necesarias para lanzarse a predicar las enseñanzas de su maestro, aun a costa de ser martirizados en la mayoría de los casos.

No obstante, dado lo inverosímil del hecho, es razonable que alberguemos dudas al respecto de cómo pudo producirse tan inaudito y excepcional suceso.

Si Jesús es quien dice ser, entonces la Resurrección es posible

Ahora bien, si Jesús es quien dice ser, entonces la Resurrección es posible. Y al final de este artículo analizaremos esta afirmación; pero ahora vamos a hablar de otros aspectos relacionados con ella.

Jesús no pudo haberse resucitado a sí mismo porque no era Dios, pero sí pudo ser resucitado de forma excepcional gracias a un pacto entre Dios Todopoderoso y él. Era un alma muy avanzada, elegida para una salvadora misión que voluntariamente aceptó, y que, habiéndola cumplido enteramente, demostró ser digno de esa elección.

Jesús compartía con nosotros la misma naturaleza humana. Al merecer ser glorificado con la resurrección física, el ser humano, hermanado a él, recupera la atávica conexión perdida con su Espíritu Santo. Sus enseñanzas, sus logros y su ejemplo son la brújula que nos indica el camino para realizarnos.

También podemos pensar, si creemos a los apóstoles pero somos un poco más escépticos, que lo más probable es que la resurrección de Jesús consistiera en unas apariciones “en espíritu” a sus discípulos. Apariciones impactantes que les sugestionaron pero no implicaron a su cuerpo físico.

En tal caso, y dado que alguien tendría que haber hecho desaparecer su cuerpo, eso indicaría la existencia de un plan elaborado por otra gente distinta a sus discípulos.

De todos modos, unas claras apariciones en espíritu después de fallecido también es señal evidente de la existencia de vida más allá de la vida terrenal.

La hipótesis de que no llegara a morir en la cruz y reapareciera “curado” después de cuarenta horas, es inviable porque unas heridas como las que sufrió dejan graves secuelas. Y un resucitado inválido o cojo y lleno de heridas, no sería un mesías muy convincente sino claramente un moribundo recuperado.

Los ebionitas

Por otra parte, tampoco es obligado creer en la resurrección de Jesús para comprender la verdad y belleza de su mensaje. De hecho, mientras que los apóstoles y sus primeros discípulos sí creían que dicho milagro había ocurrido, una facción de los ebionitas (judíos cristianos posteriores) empezaron a dudar de que Jesucristo hubiera resucitado físicamente. Ello, sin embargo, no era impedimento para considerarlo el verdadero mesías y vivir de acuerdo con sus enseñanzas. Pero tanto los nazarenos (seguidores directos de los apóstoles) como todos los ebionitas coincidían en considerar a Pablo un traidor al mensaje original de Jesús.

Por cierto, Mahoma incorporó en el Corán la imagen de Jesús que tenían esos ebionitas, con los que estuvo en contacto.

Sea como fuere, lo cierto es que “la señal de Jonás” se ha producido. Su misión ha tenido éxito porque la semilla de su mensaje se ha divulgado.

El Mensaje metafísico de Jesús

Sin embargo, dejando de lado por ahora las hipótesis sobre su resurrección, en este apartado vamos a centrarnos en descifrar las peculiaridades metafísicas de su mensaje.

Antes de Cristo, la visión que se tenía de Dios era la de un ser todopoderoso y separado del ser humano, al que había que temer puesto que tenía nuestro destino y nuestra trascendencia en sus caprichosas manos. Para complacerle había que cumplir sus normas ya que, si bien podían ser justas, no hacerlo conllevaba irremisiblemente castigos que podían llegar a la condenación eterna. Para aplacar su ira o conseguir su favor, quedaba el recurso de realizar ritualizados sacrificios de animales.

Cinco siglos antes que Jesús, Buda consiguió por sí mismo alcanzar la iluminación y pudo darse cuenta de que la vida material es inevitablemente sufrimiento. Para liberar al ser humano de la rueda del karma y las reencarnaciones, propuso practicar la vida ética y el desapego de los deseos; pero Cristo va más allá. La aportación genuina de Jesucristo a la humanidad es hacernos comprender que Dios es Amor verdadero, es decir, Amor Incondicional; con toda la belleza, el gozo y la paz que esa afirmación implica. Para remarcar más esa afirmación, Jesús llama a Dios, “Padre” (hoy diríamos “Madre”), y nos dice que nosotros -junto con él- somos sus hijos amados. De esa manera, acerca la imagen de Dios a nuestros corazones. Ya no es una figura fría y lejana a la que hay que temer sino un Dios amigable que vive dentro de cada uno de nosotros.

A un Dios de esa naturaleza hay que buscarlo emocionalmente. Únicamente podremos sentirnos conectados con Él al hacer brillar el amor que se esconde en el fondo de nuestro ser, por encima de los engañosos miedos que la mente y la materia generan.

Aunque nosotros hayamos olvidado lo que Jesús viene a recordarnos, que “nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro”, él nos despierta de las ilusiones del ego al hacernos ver que solo podemos sentirnos felices cuando hacemos las cosas “desde el amor”; cuando expresamos lo que somos. No hay otro camino. Aunque por amor tengamos libre albedrío, tratar de ser lo que no somos solo produce insatisfacción, sensación de vacío y sufrimiento.

Durante su vida pública, Jesús transmitió esas enseñanzas mediante parábolas para que su mensaje perdurara en el tiempo, a la vez que, en una ambivalencia calculada para mantener la expectación sobre él, también decía a sus compatriotas lo que estos esperaban oír del mesías en el que creían. De esa manera, cuando decidió que había llegado la hora de que lo apresaran, cambia tácticamente su discurso para provocar su arresto. Así, en vez de decir “poned la otra mejilla” o “amar a vuestros enemigos”, dice “no he venido a traer la paz sino la espada”, y ofende a los sacerdotes pero no llama a la rebelión, decepcionando de ese modo a todos los que lo habían aclamado al entrar desafiante en Jerusalén. Por el contrario, espera a que lo arresten por la noche en un huerto apartado de la multitud. Ya en la cruz, vuelve a decir “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Ciertamente, su elevado, alegre y liberador mensaje espiritual aún no se ha comprendido ni desarrollado masivamente. El antiguo Dios justiciero al que hay que temer todavía está instalado en la mente del ser humano. Bien para creer en él y sufrir de culpabilidad, o para negarlo y sentirse confundido o vacío.

La interpretación de Pablo

El radical y esforzado Pablo pone el énfasis en que Jesús se ha ofrecido en sacrificio por nuestros pecados, y en el hecho de que ha resucitado. Lo que conlleva que debamos sentirnos abrumados por ese sacrificio inocente e indignos de merecerlo. Y para hacernos dignos de él, hemos de adorarlo, hacer penitencia y cumplir con las reglas morales. Desde su punto de vista, el hecho de su resurrección es más importante que el mensaje que trasmite y, en consecuencia, lo primordial para alcanzar la salvación es adorarle y obedecerle como la manifestación de Dios que es.

Pero hay una interpretación más positiva de la razón de su sacrificio y resurrección. Su voluntario sacrificio es una suprema lección de amor hacia nosotros. Por lo tanto, Jesús no busca que le adoremos ni nos sintamos indignos y culpables; no quiere eso porque nos ama verdaderamente. Nos quiere liberar de nuestros miedos existenciales para que así podamos desarrollar nuestra innata capacidad de amar. No en vano dijo: “Misericordia quiero, y no sacrificio”. De forma que, paradójicamente, él se sacrifica por misericordia. Y en consecuencia, en lugar de culpabilidad hay que sentir consuelo e inmensa gratitud por su gesto.

Pablo obedece a Cristo porque es Dios, y en obedecerlo está la salvación. Los apóstoles lo hacen porque le comprenden. Comprenden su mensaje de que Dios es Amor Incondicional, y nosotros también lo somos porque nuestro espíritu comparte su misma naturaleza. Lo comprenden y, mirando dentro de sí (como el hijo pródigo), sienten esa verdad en sus corazones y sienten la necesidad de vivir en coherencia con ella. Jesús vendría a ser el hermano mayor del hijo pródigo que baja a abrirnos los ojos.

Ver el mundo con otros ojos

Cristo nos propone ver el mundo con otros ojos. Cuando damos algo material sentimos que lo hemos perdido, por lo tanto, intercambiamos cosas o damos lo que nos sobra. En el “reino emocional de Dios” que Jesús nos enseña, impera la paradoja: allí dar significa recibir porque lo que das con el corazón no se agota. De hecho, lo que así das es una manifestación de lo que tienes y eres.

Posiblemente, el florecimiento de su semilla (la segunda venida) no se produzca a nivel global. Él no demostró mucho interés en los asuntos de este mundo, y menos en hacer de este mundo un lugar mejor (“mi reino no es de este mundo”), sino en que cada uno encuentre su luz interior y la haga brillar.

HIPÓTESIS METAFÍSICA SOBRE LA RESURRECCIÓN

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La veracidad de la Sábana Santa 2/2

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EL QUID DE LA CUESTIÓN

Con anterioridad a los análisis del equipo STURP, los doctores ingleses Trevor y Margaret Lloyd Davies, en un artículo publicado en el prestigioso Journal of the Royal College of Physicians of London, concluyen que Jesús estaba vivo cuando lo descendieron de la cruz.

También Hans Naber, en 1967, adquirió cierta notoriedad al asegurar en su libro Inquest on Jesús Christ que Cristo no murió en la cruz, porque resulta científicamente imposible que un cadáver sangre de la forma que lo hizo el cuerpo envuelto en la Síndone. Posteriormente, su colega W. B. Pimrose y otros apoyaron su conclusión, de la que empezó a hacerse eco la prensa.

Como esas opiniones carecían de una base suficientemente sólida, dado que no se habían realizado los exhaustivos análisis pertinentes para realizar esa categórica afirmación, la respuesta del Vaticano fue la de desacreditar, personalmente y profesionalmente, a Naber y sus otros colegas.

Sin embargo, con posterioridad, los análisis del equipo STURP, que sí fueron exhaustivos, descubrieron que, ahora sí, existía una base sólida que permitía mantener la afirmación de que el hombre de la Síndone estaba vivo cuando lo pusieron allí.

Resultó que, en la coronilla y los pies, encontraron sangre coagulada, y la explicación, en principio, más lógica para ello era que esa sangre saliera estando la persona viva.

Informado de ello el Vaticano, éste consiguió que esa información no saliera a la luz pública por el momento. A la espera de ulteriores análisis más profundos que pudieran llegar a una conclusión definitiva.

Cundió la alarma en las altas esferas del Vaticano. Las investigaciones no ponían en duda la autenticidad de la Síndone; era algo peor, decían que Cristo no murió en la cruz y, por tanto, no hubo Resurrección. Y para la Iglesia, en palabras de San Pablo, “si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana es también vuestra fe”.

A la luz de los acontecimientos, siendo el mal menor que la Sábana Santa no fuera auténtica, el Vaticano, para neutralizar las consecuencias de que la hipótesis científica se convirtiera en evidencia, decidió propiciar un examen de autenticidad de la Síndone mediante la prueba del carbono 14. Prueba inventada recientemente en aquel momento, pero que ya gozaba de popularidad a pesar de que aún no estaba perfeccionada su metodología.

Para ello, en 1988, el Vaticano dio pequeñas muestras de la tela a tres centros independientes y de alto nivel tecnológico: las universidades de Oxford, Tucson y el Politécnico de Zúrich. Esas pequeñas muestras, aparentemente, se tomaron de una esquina de la sábana, el lugar más contaminado por ser de donde usualmente se ha sostenido por numerosas manos a través de los siglos.

El resultado fue que la antigüedad de la tela se situó entre 1290 y el 1390. La noticia se expandió como la pólvora y causó conmoción internacional en el mundo occidental.

Lógicamente, y extrañamente para el resto de los cristianos, el Vaticano aceptó inmediatamente y deportivamente el resultado de los análisis y pasó página sobre el tema: La Sábana Santa había resultado no ser auténtica pero nunca se había afirmado que fuera dogma de fe.

Sin embargo, un año más tarde, la prestigiosa revista científica Nature publicó los datos oficiales exhaustivos. A la vista de los cuales, diversos científicos advertían de que el porcentaje de fiabilidad de la prueba era de solo un 5 por ciento.

El doctor Hary Gove, descubridor de la técnica del carbono 14, confirmó que los análisis no se habían hecho con las precauciones adecuadas. Especialmente, no se habían lavado bien las muestras para eliminar las bacterias adheridas a ellas. Las bacterias también tienen carbono 14, y la suma del de la tela y el de las bacterias da necesariamente un resultado inexacto. El doctor Garza-Valdés descubrió la existencia de una fina película de bacterias que cubre todo el lienzo, una “cubierta bioplástica” producida por bacterias y líquenes y resistente a los procedimientos de limpieza que usaron los laboratorios, y que distorsiona los resultados.

Por otra parte, el incendio que sufrió la urna que contenía la sábana generó temperaturas altísimas, he hizo que los adornos de plata que contenía se derritieran y dañaran gravemente la tela. Estas condiciones son suficientes para provocar cambios químicos en la propia composición de la tela (carboxilación).

Otra teoría, de difícil demostración, es que el fenómeno que formó la imagen era radiactivo y esa radiación alteró la cantidad de carbono 14 de la muestra.

Más tarde, el conocido científico Raymond N. Rogers, que había analizado la Síndone con el equipo STURP en 1978, concluyó y publicó en la revista científica Thermochimica Acta en el año 2005: “la muestra radiocarbónica (la muestra analizada) tiene propiedades químicas completamente diferentes que el cuerpo principal de la Síndone”. Rogers encontró que había fibras de algodón entrelazadas con el lino que, según él, no se encontraban en el resto del sudario, de lino puro.

La tesis de Rogers ha sido también corroborada por el experto en microscopía John L. Brown. Y opinan lo mismo Alan y Mary Whanger, otros expertos investigadores de la Síndone.

Ya en 1991, la profesora Emanuela Marinelli postuló que la muestra cortada de la Síndone habría sido tomada de los remiendos hechos a los agujeros resultantes del incendio de 1532. De ser así, la datación de la Síndone con el Carbono 14 sería nula.

Ante la gravedad de esas sospechas, y con el fin de aclararlas, Roger y otros científicos pidieron permiso al Vaticano para volver a realizar la prueba del carbono 14. Pero la Iglesia, que no es muy dada a cambiar de opinión, no ha aceptado estas propuestas revisionistas.

En los años siguientes, la sangre sobre la Sábana Santa siguió estudiándose por numerosos investigadores europeos y estadounidenses, basándose en la muestras obtenidas por el equipo STURP.

Las conclusiones fueron que era sangre humana de un sujeto de sexo masculino. El grupo sanguíneo era AB+, grupo poco usual, ya que sólo un 4% de la población mundial lo tiene, pero más común entre los hebreos, cuyo porcentaje se duplica.

Por otro lado, ese grupo AB+ que contiene ADN masculino, coincide con el del Sudario de Oviedo, según el estudio que realizó el hematólogo italiano Carlo Goldoni.

En esos nuevos análisis se pudo establecer que las áreas claras de las manchas de la Síndone están compuestas por suero de sangre, lo que confirma que se trata de la sangre de un cadáver.

Los especialistas han podido comprobar también, en las huellas de sangre de la coronilla y los pies, que existe una mezcla de sangre vital y de sangre cadavérica. Todo ello prueba que sobre la Síndone hay manchas de sangre que vertió el sujeto cuando estaba vivo, y otras en un segundo momento cuando el mismo sujeto era ya cadáver.

La deducción más verosímil del extraño motivo por el que esos coágulos no se habían evaporado sino mantenido, sería que ambos coágulos se habrían quedado pegados, uno con el cabello enmarañado y mojado, y el otro con la tierra de los pies. De manera que se habían fundido con el pelo y la tierra de los pies respectivamente.

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Paradójicamente, la presumible intervención de la alta jerarquía eclesiástica sobre los resultados obtenidos por los investigadores en un momento dado, fruto del temor a que pudiera probarse que Jesucristo no había resucitado, al final había resultado innecesaria porque esos temores eran infundados. Pero sí demuestran el talante poco honesto de esa élite.

Joaquín Ferrer

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La veracidad de la Sábana Santa 1/2

Artículo extraído del libro: NEOCRISTIANISMO: La revolución necesaria.

La Sábana Santa tiene una historia tan fascinante y sorprendente que parece inverosímil. Sin embargo, todas las pruebas científicas realizadas con el suficiente rigor atestiguan su consistencia con lo que se afirma de ella.

Como veremos después, muchos expertos consideran –y han publicado- que la famosa prueba del Carbono 14 no se hizo con los parámetros adecuados para que su resultado sea fiable. La muestra que se tomó no es representativa de todo el lienzo, y además esa parte contiene un remiendo «invisible» añadido durante una reparación en época medieval. Eso habría «rejuvenecido» sobremanera la muestra.

Ahora, vamos a narrar las supuestas peripecias que ocurrieron para que, tanto la Síndone como el Sudario que estuvieron en contacto con el cuerpo de Cristo, se salvaran y acabaran llegando a dónde están actualmente.

Antes de empezar el relato, conviene aclarar que síndone equivale en griego a “sábana de lino”. Y cuando se escribe en plural no indica que sean varias sábanas sino que se trata de una sábana doblada en dos, es decir, plegada. Lo cual fue mal traducido en los evangelios por “vendas” cuando es un “lienzo” o sábana grande de lino. Por su parte, con la palabra “sudario” se están refiriendo a un pañuelo con el que cubrían la cabeza del muerto, atándolo o cosiéndolo por detrás.

El Evangelio de San Juan nos narra cómo, al entrar en la tumba vacía, se encontraron con la sábana tirada por el suelo y el sudario plegado en un lugar aparte.

Es de suponer que recogieran ambos objetos, por su significado y relevancia, pero, al mismo tiempo, dado que en la cultura judía todo aquello que ha estado en contacto con un cadáver está contaminado y es tabú, no pudieran mostrarlo públicamente. Por tanto, en un principio lo guardaron sin más y, seguramente, con el transcurrir del tiempo ambas reliquias fueron pasando de unos a otros de manera callada.

SÍNDONE

Y así llegamos a principios del siglo IV, cuando aparece documentación escrita sobre una imagen del rostro de Jesús que se veneraba en Edesa, ciudad de Asia Menor, conocida con el nombre de Mandylion.

Otro nombre con el cual se conocía la imagen de Edesa era Tetradiplon, que significa en griego “doblado cuatro veces”, lo que es interpretado como una identificación entre esta reliquia y la Sábana Santa. Es decir, el Mandylion sería la Síndone pero doblada varias veces, de forma que, una vez enmarcada, solo se viera el rostro y quedara oculto el hecho de ser una tela mortuoria.

Resulta interesante saber que la imagen oficial de Jesús, la que encaja con la que hoy todos conocemos, tiene su origen en el siglo VII. En esa época, el emperador Justiniano II emite una moneda con el rostro de Cristo basada en la imagen del Mandylion.

En el año 944 la reliquia se traslada a Constantinopla, la despliegan y se convierte en la Sábana Santa que hoy conocemos. Permaneciendo desde entonces en Constantinopla hasta que los Cruzados saquearon la ciudad en 1204, llevándose gran parte de sus tesoros a Europa Occidental.

La reliquia estaba en Francia cuando, en 1532, la Síndone resultó dañada en un incendio en la capilla donde se guardaba. Una gota de plata fundida del relicario le dejó una marca dispuesta simétricamente entre las diversas capas de la tela doblada. Las monjas clarisas trataron de reparar el daño con parches. La Síndone fue trasladada a su actual residencia en Turín en 1578.

SUDARIO DE OVIEDO

La primera referencia de un sudario venerado como reliquia proviene de un peregrino anónimo que, hacia el año 570, se encontraba en Cisjordania.

En el siglo VII la zona es invadida y, según cuenta la tradición, la reliquia es trasladada por mar a Cartagena. De ahí pasa a manos del obispo de Sevilla, quien la manda transportar a Toledo, por ser la capital de España. Sin embargo, más tarde, ante el peligro del avance musulmán, es llevada hasta Oviedo para mayor seguridad de dicha reliquia.

LOS ANÁLISIS

– Lo primero que se analiza de la Sábana Santa es la clase y características del material del que está hecha.

Se trata de un tejido de lino puro muy inusual, existente en tiempos de Jesús, traído de Egipto o La India. Con esa tela especial se confeccionaba el manto que utilizaba el Sumo Sacerdote del Templo en ocasiones especiales. Y también las sábanas utilizadas en la sepultura de personajes de la realeza eran de esas mismas características.

Por lo tanto, si esa es la sábana que envolvió el cuerpo de Jesús, hay que concluir que fue enterrado a la manera de un rey.

– El siguiente análisis que se realizó a la Síndone fue el de la composición del polen que hay en ella. Entre 1973 y 1976, un equipo de palinólogos dirigido por el científico suizo Max Frei la examinó con detalle, concluyendo que los gránulos de polen que hay en ella son coincidentes con los de las plantas que crecían en Palestina durante la primavera en aquella época. Si bien la cantidad de polen encontrada sería excesiva tras haber transcurrido casi dos mil años.

Una posterior investigación de los científicos Whanger y Danin llega a las mismas conclusiones; y descarta la posibilidad de que el contenido de la Síndone fuera una falsificación medieval: un falsificador medieval no habría sabido de flores y plantas de Oriente Medio, ni acerca de los patrones de distribución geográfica de algunas de esas plantas alrededor de Jerusalén, ni de sus tiempos de floración.

Años más tarde, el estudio científico llevado a cabo por la profesora e investigadora Marzia Boi, encuentra una interpretación coherente al exceso de pólenes hallados en la Síndone de Turín y publica su trabajo en la revista científica Archaeometry en 2017.

Ella se da cuenta de que ese abundante polen procede del ungüento especial, y también abundante, con el que fue cubierto el cuerpo que yacía en dicha sábana.

Los pólenes presentes en la Síndone indican un ritual funerario propio de la realeza, según los usos de hace 2000 años en Palestina. Son los componentes de los ungüentos y aceites más preciosos de la época, que han quedado impregnando la tela. El estudio palinológico es coherente con testimonios históricos del siglo primero, como los de Plinio el Viejo y Dioscórides.

– En 1977 se organizó en Estados Unidos un equipo de investigación denominado Proyecto de Investigación sobre la Síndone de Turín (o simplemente STURP), con científicos de primer nivel.

Aprovechando que en 1978 se iba a exponer públicamente la reliquia, en conmemoración del cuarto centenario de su llegada a Turín, el equipo STURP tuvo la oportunidad de examinarla directamente.

La Sábana Santa fue extendida en una mesa de aluminio basculante, especialmente diseñada a su medida en Estados Unidos. Durante cinco días sometieron la reliquia a toda clase de análisis: ultravioleta, espectrográfico, rayos infrarrojos, luz visible, toma de muestra con cinta adhesiva, rayos X, y se le hicieron unas 12.000 fotos.

En los años siguientes, el equipo STURP publicó diversos artículos con los resultados obtenidos. Estas son algunas de sus principales conclusiones:

  • La imagen del lienzo es tridimensional. Es decir, proporciona información del relieve del cuerpo.
  • La imagen se ha formado por la degradación de la celulosa del lino. Su huella es superficial y sin pigmentos (no es pintada) ni químicos, ni se borra con el fuego y el agua (la imagen sufrió un incendio que fue apagado con agua, sin que se deteriorara).
  • Contiene sangre humana.
  • No se sabe cómo se ha degradado la celulosa del lino. Se teoriza con que alguna clase de radiación pudiera haberla afectado.
  • No se conoce en la actualidad ningún medio, técnico o artístico, capaz de reproducir la imagen de la Sábana Santa con las mismas características y exactitud.

Esta disponible para su descarga gratuita el documento EL EVANGELIO UNIFICADO, que forma parte del libro NEOCRISTIANISMO.

Una nota distribuida a la prensa con el título «Un resumen de las conclusiones del STURP» de 1981 dice:

«Podemos concluir por ahora que la imagen de la Sábana Santa es la de una forma humana real de un hombre azotado y crucificado. No es el producto de un artista. Las manchas de sangre están compuestas de hemoglobina y también dan una prueba positiva de albúmina sérica. La imagen es un misterio en curso y hasta que se realicen más estudios químicos, tal vez por este grupo de científicos, o tal vez por algunos científicos en el futuro, el problema sigue sin resolverse».

– Uno de los principales argumentos, para apoyar la veracidad de la Síndone, es que la información que revela la imagen va en contra de la creencia y la iconografía medieval sobre la crucifixión de Jesús. Por ejemplo, son las muñecas las que aparecen perforadas en lugar de las palmas de las manos y, en cuanto a los pies, se puede apreciar que el pie izquierdo está clavado sobre el derecho. Unidos los dos juntos al tronco y no por separado como se creía. Igualmente, la colocación de un soporte en los pies (sedile), que aparece en muchas iconografías, es un invento bizantino posterior a la época en que Jesús fue crucificado.

Además, la planta del pie que estaba debajo, el pie derecho, se ve que está llena de tierra. Esa tierra coincide con la que se encontró en la nariz y en la zona de las rodillas y que tiene la misma composición que la de Jerusalén.

EL QUID DE LA CUESTIÓN

Joaquín Ferrer

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