Metafísica y Biodescodificación

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Muchas de las personas que se interesan por la metodología de la Biodescodificación creen que, cuando se averigua el problema inconsciente y no resuelto que se halla en el origen de su dolencia, se resuelve automáticamente el conflicto y se produce la sanación.

Pero la simple toma de conciencia, muchas veces no es suficiente para que se produzca la curación. Generalmente, además del conocimiento intelectual e incluso del emocional, es necesario enfocar la vida desde una perspectiva diferente y más elevada.

Decía Krishnamurti que “no es síntoma de buena salud estar bien adaptado a una sociedad enferma”. Y por los síntomas, por la sensación de insatisfacción e infelicidad que se vive en nuestra sociedad, sabemos que la sociedad está enferma; pero no acabamos de detectar cuales son los cambios que necesitamos hacer en nuestras actitudes cotidianas para revertir esa alarmante situación.

No siempre es posible modificar los acontecimientos, aunque sí es posible adquirir una nueva percepción de ellos que nos aporte mayor comprensión del origen y sentido de la existencia; una nueva visión que nos dé equilibrio interno, nos ayude a mejorar nuestra autoestima y mejore nuestro ánimo y nuestra motivación para afrontar nuestro proyecto de vida.

La Psicodescodificación, en ese sentido, además de biodescodificar, hace hincapié en proporcionar esa nueva y positiva visión de la vida, como herramienta indispensable para que el individuo pueda resolver verdaderamente sus conflictos emocionales que, en numerosos casos, tienen un trasfondo existencial. Por lo que puede considerarse también como una terapia de crecimiento personal.

En esa linea, Alejandro Jodorowsky afirma que “nada sienta tan bien al cuerpo como el crecimiento del espíritu”.

Por desgracia, para tener acceso a ese “crecimiento del espíritu”, previamente necesitamos saber responder a las preguntas básicas de carácter existencial y metafísico. Y usualmente no sabemos cómo hacerlo.

Podemos buscar esa información dependiendo de diferentes religiones, autoproclamados maestros espirituales o creencias diversas. Pero las creencias no son certezas. O bien se tiene fe, o bien se tiene miedo; no hay término medio. Y la mejor certeza es la que proviene del conocimiento objetivo.

En contra de lo que suele pensarse, llegar a ese conocimiento objetivo es posible actualmente

Para ello se requiere, en primer lugar, aceptar el reto de hacer una desprogramación mental de todos los condicionantes interesados con los que la cultura dominante ha bloqueado, durante generaciones, nuestra capacidad de razonar por nosotros mismos de forma libre e independiente.

Cuando, en vez de estar atrapados en el laberinto de las preguntas existenciales y llenos de dudas, miedos, culpabilidades y victimismos aprendidos, logramos salir con las respuestas que necesitamos, nos invade una comprensión y una paz interior que nos da ligereza de ánimo y nos reconcilia con la vida y con nosotros mismos.

Este proceso comienza de forma intelectual y, según vamos profundizando en los nuevos conocimientos adquiridos y los vamos interiorizando, se van integrando progresivamente en nuestro ser y van expandiendo nuestro nivel de conciencia. En un momento dado de ese proceso, nos damos cuenta de que hemos sido capaces de cambiar el paradigma dañino de las creencias por el más elevado y saludable de la comprensión espiritual.

Como ejemplo de cómo comenzar ese proceso de descubrimiento metafísico-intelectual libre de dogmas, podemos comentar la lógica que se esconde detrás de Big Bang. La teoría del Big Bang supone la existencia previa de una energía y también de una fuerza que, en un momento dado, hizo que se condensara dicha energía.

En palabras de Max Planck (Premio Nóbel de Física 1918): “En mi carácter de Físico y como hombre que ha dedicado su vida a la ciencia auténtica, a la investigación de la Materia, me creo a salvo de la sospecha de ser un fantasioso irresponsable. Por ello, y a raíz de mis exploraciones en el campo atómico, declaro lo siguiente: No existe la materia en sí”.

“Toda materia nace y permanece únicamente en virtud de una Fuerza que pone en vibración las partículas intraatómicas y las mantiene vinculadas semejando al más pequeño sistema solar del mundo. Siendo que en el Universo no existe fuerza inteligente ni fuerza eterna (abstracta) alguna (la humanidad nunca pudo inventar un “perpetum mobile”), debemos admitir detrás de la Fuerza mencionada la presencia de un Espíritu consciente inteligente, o sea que EL FUNDAMENTO ESENCIAL DE LA MATERIA ES DICHO ESPIRITU”.

“Ya que según vimos la Materia no existe sin este Espíritu, lo real, cierto y efectivo no es la Materia visible y transitoria, sino el Espíritu invisible e inmortal. Pero siendo que no puede haber espíritu en sí por pertenecer cada espíritu a un ser, debemos forzosamente admitir los seres espirituales”.

“Ahora bien: como a su vez los seres espirituales no pueden ser por sí mismos, sino que deben ser creados, no vacilo en denominar a ese misterioso Creador como lo han nombrado todos los pueblos cultos de la Tierra en los pasados milenios: Dios”.

En un aspecto diferente de la investigación científica, podemos comentar que, gracias a los avances de la ciencia médica, son ya numerosos los casos de personas que han vivido una ECM (experiencia cercana a la muerte) y han podido revivir y contar su experiencia (en los casos en que había algo que contar). Si bien dichas espectaculares y usualmente muy gratificantes ECM pueden considerarse subjetivas, o que su explicación científica está aún por descubrir, hay un aspecto que se escapa a toda explicación científico-materialista: son aquellos relatos comprobados en los que el paciente se ha visto a si mismo desde fuera del cuerpo y ha visto cosas que han sucedido a su alrededor, y que no hubiera podido saber ni siquiera estando consciente. Ese hecho supone una prueba irrefutable de que su conciencia estaba viviendo de forma independiente a su envoltura corporal y, por lo tanto, la mente no es lo mismo que el cerebro que la contiene.

Para indagar en más datos científicos de este tipo, recomiendo leer el libro de Joaquín Ferrer: El autor del Universo.

Entrando ya en el plano de las implicaciones personales que los nuevos conocimientos científico-metafísicos nos aportan, llegamos a la famosa premisa de “conócete a ti mismo”. En este punto, es cuando nos damos cuenta de que hemos creado un personaje para defendernos del mundo y acabamos creyendo que somos el personaje que hemos creado. Para evitar eso y sentir la satisfacción de SER quien eres, antes necesitas liberarte de la insatisfacción de ser quien no eres y desidentificarte de tu ego que “se siente ofendido, necesita ganar, tener razón, tener más, ser superior e identificarse con sus logros y con su fama”. Sé  que  “No  soy”,  cuando  me  olvido  de  mi  esencia  y  todo  en  mí  es identificación con algo o alguien que me he construido mirando al espejo de una sociedad enferma, e imitándola para encajar en ella.

En el siglo XVIII, el filósofo Immanuel Kant proponía tres premisas para dar sentido a la vida. Más o menos decían: “Recuerda quien eres. Olvida todo lo que has hecho mientras no recordabas quien eres. Ahora, demuestra quien eres”.

Además, sientes lo que piensas, y puedes aprender a pensar diferentemente sobre cualquier cosa, si decides hacerlo. Pregúntate a ti mismo si vale la pena, si te compensa ser infeliz, estar deprimido o sentirte herido u ofendido. Ante cualquier situación, si la solución que encuentras no da la paz, no es la solución adecuada. Elige de nuevo. “Tu eres el creador de tus experiencias. Reconoce y acepta la responsabilidad de tu vida” (Dr. Phill).

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