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Herida de la infancia: La traición de los padres

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Esta herida se da entre los dos y los cuatro años.

Para un niño, la traición de sus padres es muy dolorosa. A veces nos ocurre, como padres, que lanzamos al aire promesas, sin darle demasiada importancia. Luego no las cumplimos. Para nosotros parecerá una tontería, pero para los niños esto tendrá una terrible consecuencia. Para ellos significará que no puede confiar en sus padres, porque le han defraudado. Las promesas se cumplen. Si el hijo se siente constantemente defraudado por sus padres, crecerá con la sensación de que no puede confiar en nadie. Por eso, se convertirá en un adulto terriblemente controlador, que no deje absolutamente nada a merced de la improvisación.

Su máscara es ser controlador y perfeccionista

Cuando la persona contacta con esta herida a través de alguna experiencia cotidiana (objetiva o no), puede que exista un componente traumático del cual una parte de ella siente que debe protegerse. Así, terminará siendo muy exigente con los demás para que cumplan con su palabra o su cometido. Tendrá tendencia a la amargura, la ira y la envidia. Será incapaz de delegar responsabilidades.

Su gran miedo es a la separación, a sentirse repudiado. Las defensas asociadas son la desconfianza, la rabia y el control. Por supuesto, huirá constantemente de la soledad.

LA PERSONA CONTROLADORA

RECUERDA

Puedes vivir siendo tú mismo, sin la necesidad de demostrar nada a nadie. Puedes vivir libre de la necesidad de fundamentar tu vida en dar la sensación de que siempre todo va bien, que lo tienes todo bajo control y que no hay fallas, defectos ni vulnerabilidades en tu persona. Entiende que sí las hay y debes aceptarlo como algo normal, incluso sano. No pasa nada, está todo bien.

Acepta tus defectos y errores con humildad, no los vuelques sobre otras personas, y hazte cargo de ellos con cariño y compasión hacia ti mismo. Improvisa, la vida en muchas ocasiones se reduce a eso, en detrimento de tener que controlarlo todo constantemente. Nada se derrumba aunque tú no lo estés controlando, los demás también saben y pueden hacer las cosas bien. Deja de exigir a los demás lo que deberían ser o hacer y empieza a aplicar un poco de humildad en los juicios vertidos sobre el mundo. Entiende que no eres indispensable y que esto es bueno para ti, reduce la presión en tu vida. No olvides que la vida no te está monitorizando constantemente, que las cosas que pasan habitualmente no tienen que ver contigo y que tal y como tú las haces, hay mil maneras más de hacer las cosas bien para casi cualquier cosa.

LA INJUSTICIA

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