Crecimiento personal y realización 3

Este artículo empieza en la PARTE 1 y continúa desde la PARTE 2

16.- La vida es sencilla; no pide más que vivirla –bien lo saben los niños y los animales- pero los adultos la complicamos con el incesante y estéril parloteo de nuestros temerosos pensamientos, que nos llevan inevitablemente a unas negativas consecuencias y a unas erróneas interpretaciones. “Que los pájaros de los pensamientos revoloteen en la mente es inevitable, pero que aniden sí”.

17.- La función de la mente es pensar en todas las alternativas posibles que tenemos ante cada situación que imaginemos o se nos presente. Cuando nos censuramos ciertos pensamientos porque no encajan con la imagen que queremos tener de nosotros mismos, dichos pensamientos no desaparecen sino que se esconden en la parte inconsciente de nuestra personalidad que llamamos “la sombra”. Allí se guardan todo tipo de frustraciones, experiencias vergonzosas, complejos, temores, inseguridades, rencores, agresividad y toda clase de pensamientos negativos en general. Desde el escondite en el que hemos arrinconado a esos antiestéticos pensamientos y sus consiguientes emociones, la sombra puede causarnos mucho daño físico y malestar psicoemocional en su pugna por salir. Es nuestra responsabilidad individual hacerla consciente sin juzgarla e integrar esos pensamientos en nuestra personalidad total para conseguir transformar esa misma energía en creatividad. Todos tenemos luz y oscuridad, lo que importa es a cual elegimos obedecer.

Cuenta una antigua leyenda sioux que, una noche, el jefe de la tribu, reunido con sus nietos al calor de la fogata, les contó lo siguiente:
“Una gran pelea entre dos lobos tiene lugar dentro de mí. Uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, mentira, orgullo, celos, egoísmo, egolatría. El otro lobo es bondad, alegría, paz, amor, serenidad, ternura, humildad, dulzura, benevolencia, generosidad, verdad, compasión, fe, valor, amistad, gratitud… Esta misma pelea ocurre dentro de vosotros y dentro de todos los seres de la Tierra”.
Los nietos se quedaron pensativos y, después de unos instantes de silencio, uno de ellos preguntó:
-“Abuelo, ¿y cuál de los dos lobos crees que ganará la pelea?
-“Ganará, sin duda, el lobo que tú más alimentes” –fue su respuesta.

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18.- Albert Einstein dijo:

“Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en que se creó”. Queremos que se solucionen los problemas para tener paz pero es justo al revés; debemos tener paz interior primero para que, como consecuencia, se solucionen los problemas. Si cambias la manera de ver las cosas, las cosas cambian.

19.- “El miedo profundo que se siente, no es frente a un objeto o situación en particular sino frente a la existencia. Surge también de este sentimiento de “separatidad”, de sentirnos diferentes y separados del Todo. Nos sentimos solos, desvalidos y faltos de confianza, y eso nos lleva a sentir miedo. Cuando recordamos y tomamos conciencia de que todos somos lo mismo, que todos estamos interconectados, que todos somos en última instancia energía o Amor, el miedo empieza a desvanecerse y empezamos a sentir confianza en la vida y en el Universo” (Erich Fromm).

20.- El miedo esta directamente relacionado con una baja autoestima. Ambos son productos de la ausencia de amor, y ambos son aprendidos. No nacemos con miedos ni con sentimientos de inferioridad ni con falta de amor hacia nosotros mismos, sino que los vamos incorporando a nuestra personalidad a partir de modelos mentales y creencias que nos son transmitidas, muchas veces con la mejor intención. Creamos nuestra realidad y nuestra percepción de nosotros mismos a partir de esas creencias. Una baja autoestima genera inevitablemente una gran cantidad de miedos tóxicos que limitan y a la vez siguen alimentando esa baja autoestima. Se tiene miedo, por ejemplo, a no ser capaz, al rechazo, al ridículo, a no ser aceptados, a expresar los gustos u opiniones, al fracaso; en fin, miedos y miedos que frenan e impiden hacer aquello que se quiere hacer.

Tu propio valor

21.- No confundas nunca tu propio valor (que es un valor inamovible heredado de Dios) con tu comportamiento o con el comportamiento de los demás hacia tu persona. De niño aprendiste que amarte a ti mismo, algo natural en aquel entonces, era lo mismo que ser egoísta y consentido. Seguramente, a veces te dices a ti mismo que debes mejorar tu capacidad de amar. Sin embargo, cuesta darse cuenta de que el amor a los demás está relacionado directamente con el amor que te tienes a ti mismo. Hasta que no aprendes a quererte a ti mismo, no estarás en disposición de dar amor verdadero a otra persona. Solo cuando sabes amarte a ti mismo puedes llenar el vacío dentro de ti y realmente aceptar y amar a otros. Además, es sabido que cuando nos amamos a nosotros mismos todo nos funciona bien en la vida.

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22.- Para recuperar el estado natural de amarnos a nosotros mismos, tenemos que salvar el obstáculo del “pensamiento autocrítico repetitivo”. Se trata de una voz que nos dice constantemente lo que hemos hecho mal, nos dice lo inadecuados que somos, nos compara desfavorablemente con los demás, y así sucesivamente. Afortunadamente podemos llegar a ser conscientes de nuestro crítico interior, trabajar con él y llegar a transformarlo en un aliado en lugar de un enemigo. ¿Cómo? Empieza por ser bondadoso contigo mismo. Date consuelo y aprobación y así tendrás fuerzas para empezar el cambio a mejor.

23.- Desde niños, por necesidad o deseo de amor correspondido, hemos sido capaces de “desviarnos” de nosotros mismos para ser aceptados. Así hemos aprendido que el amor es condicionado y hemos olvidado que el Amor es la capacidad y la buena disposición para permitir que los seres queridos sean lo que ellos elijan para si mismos, sin insistir en que hagan lo que a ti te satisficiera o te gustase. “Debes amar de tal manera que la persona que amas se sienta libre” (Thich Naht Hanh).

  1. He aquí una hermosa descripción de cómo el Amor actúa:
    Tus hijos no son tus hijos
    son hijos e hijas de la vida
    deseosa de si misma.
    No vienen de ti, sino a través de ti
    y aunque estén contigo
    no te pertenecen.
    Puedes darles tu amor,
    pero no tus pensamientos, pues,
    ellos tienen sus propios pensamientos.
    Puedes abrigar sus cuerpos,
    pero no sus almas, porque ellas,
    viven en la casa del mañana,
    que no puedes visitar
    ni siquiera en sueños.
    Puedes esforzarte en ser como ellos,
    pero no procures hacerlos semejantes a ti
    porque la vida no retrocede,
    ni se detiene en el ayer.
    Tú eres el arco del cual, tus hijos
    como flechas vivas son lanzados.
    Deja que la inclinación
    en tu mano de arquero
    sea para la felicidad.
    Kahlil Gibran

25.- Sientes lo que piensas, y puedes aprender a pensar diferentemente sobre cualquier cosa, si decides hacerlo. Pregúntate a ti mismo si vale la pena, si te compensa ser infeliz, estar deprimido o sentirte herido u ofendido. Ante cualquier situación, si la solución que encuentras no da la paz, no es la solución adecuada. Elige de nuevo. “Tu eres el creador de tus experiencias. Reconoce y acepta la responsabilidad de tu vida” (Dr. Phill).

CONTINUARÁ…

Crecimiento personal y realización 2

… Continúa desde la PARTE 1

6.- El primer paso en el camino de la Realización Personal, consiste en darse cuenta de que todo nuestro sistema de valores está basado en unas creencias que no son nuestras; se establecieron hábilmente en el inconsciente colectivo hace generaciones y nosotros las hemos heredado hipnotizados desde la cuna. Hemos integrado esas creencias en nuestro ser, las hemos adaptado a nuestro carácter y hemos formado una personalidad que hemos ido llenando de prejuicios. Y sin embargo, cuando la vida nos pone a prueba y no tenemos más remedio que mirarnos a nosotros mismos, notamos que algo nos falta y que nos sentimos vacíos.

7.- Nos han enseñado qué pensar en lugar de cómo pensar. Así pues, el segundo paso consiste en ir detectando y cuestionando la validez de esas creencias adquiridas. Es decir, empezar a recuperar nuestro poder tomando la decisión de aprender a pensar por nosotros mismos.

8.- “Sois dioses”, “la Verdad os hará libres”, “el Reino de Dios está dentro de vosotros”, “ama al prójimo como a ti mismo”. Jesús no era cristiano y Buda no era budista. Eran Maestros que enseñaban que Dios es Amor Incondicional y que, a su vez, todos nosotros estamos hermanados y compartimos igualmente la esencia de Dios. “El Amor es Dios, y todo aquel que ama conoce a Dios; el que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es Amor” (1 Juan 4, 7-8). Por lo tanto, solo conociendo y siendo fieles a nuestra auténtica naturaleza podemos sentirnos realizados.

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9.- “Todavía tengo muchas cosas que deciros, pero no podéis entenderlas ahora”, “hablo por medio de parábolas para que, aunque miren, no vean y aunque oigan, no entiendan”. Debido a los insalvables prejuicios culturales de su tiempo, muchos discípulos, con más buena fe que sensibilidad y conocimiento espiritual, transformaron las sabias recomendaciones en imposiciones y dogmatismos. Por eso, mientras las religiones organizadas te dicen: “Cree en Dios”, la espiritualidad espontánea te dice: “Dios cree en ti…no importa en qué creas tú”.

10.- El filósofo Baruch Spinosa, ya en el siglo XVII, escribió una obra titulada Lo que Dios hubiera dicho. En ella, escribe cosas como las siguientes: “No me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer… Deja ya de temerme ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de Dios puede hacer eso?… Deja ya de alabarme ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy? Lo único que te pido es que ames y respetes a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti”.

11.- El libro Conversaciones con Dios

de Neale Donald Walsch, nos da unas claves para “entender” a Dios. Nos indica que Dios está en la Emoción y nos invita a que nos preguntemos continuamente “¿Qué haría el Amor en esta situación?” En caso de duda, nos aconseja que decidamos del lado del amor. Por otra parte, para distinguir si algo está bien o no, propone la siguiente pregunta “¿Qué pasaría si todos lo hicieran?” Más allá de esos consejos, en el libro hay una explicación didáctica del concepto de la Trinidad que, simplificando, sería que DIOS-PADRE es la Autoexistencia no-manifestada que lleva dentro de sí el “conocimiento intelectual” de todas las cosas. El HIJO equivale a la decisión de manifestar una parte de sí mismo, creando para ello las condiciones idóneas (el “No Ser”) con las que poder experimentar y desarrollar sus potencialidades. El ESPÍRITU SANTO es aquella parte profunda de nosotros que nunca abandonó el Hogar Celestial y está a la espera de que nuestra alma retorne realizada a través de la experiencia, a semejanza del Hijo Pródigo.

12.- Ahondando en estos necesarios y liberadores conocimientos metafísicos, el inspirado libro Un Curso de Milagros (Helen Schucman) contiene una sabiduría aplastantemente lógica y vitalmente revolucionaria para el paradigma cultural en el que todavía estamos instalados. En él se afirman cosas como las siguientes: “Solo lo que Dios creó es real. El Espíritu del Amor es lo único que tiene Autoexistencia. El espíritu está eternamente en estado de gracia. Tu realidad es únicamente espíritu. Por lo tanto, estás eternamente en estado de gracia. Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios”.

13.- Cuando el Hijo Pródigo -todos nosotros-, en su voluntario proceso de experimentación llega a olvidarse de quien es, se siente vacío (desnudo). Ese es el momento del llamado Pecado Original. La confusión que genera ese vacío hace que surja el miedo y aparezca el ego. Ese ego, nacido de la ignorancia espiritual y el consiguiente miedo, genera pensamientos de desamparo y culpabilidad; los pensamientos generan emociones y las emociones sentimientos que, a su vez, se materializan en sucesos que está predispuesto a interpretar como amenazas o castigos. De esa manera, se cierra el círculo vicioso y se ratifica el ego. Llegados a este punto. El ego no encuentra más refugio que identificarse con todo ese proceso de lógicos pero erróneos razonamientos.

14.- En el siglo XVIII, el filósofo Immanuel Kant proponía tres premisas para dar sentido a la vida. Más o menos decían: “Recuerda quien eres. Olvida todo lo que has hecho mientras no recordabas quien eres. Ahora, demuestra quien eres”. De modo similar, el místico sufí Al-Hallaj fue martirizado por ratificar su creencia de que “Dios está en mí y yo estoy en Dios cuando dejo de ser yo”.

15.- Al conocer y asimilar los conceptos precedentes, nos hemos asegurado unas bases sólidas con las que empezar a trabajar nuestro Crecimiento Personal. Sin olvidar lo que decía Confucio: “Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes”.

Continúa en la PARTE 3

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Crecimiento personal y realización

Decía Krisnhamurti que “no es síntoma de buena salud estar bien adaptado a una sociedad enferma”. Y no parece que el mundo que hemos creado sea un lugar idóneo: es social y económicamente injusto, ecológicamente desastroso y psicológicamente desestabilizante. Además, el mundo material es imperfecto en esencia y, en consecuencia, aun cuando hubiera armonía en él, no puede proporcionarnos felicidad duradera, como ya nos han advertido los grandes maestros.

Desde un enfoque puramente materialista, difícilmente alguien puede sentirse realizado, pues la vida se centra en desear cosas materiales más y más, más y mejor, solo para descubrir que, aunque las obtengamos, no nos conseguimos librar de la sensación de insatisfacción. Nos falta algo que no pertenece al plano material, pero el material es el único plano para el que nos han maleducado.

Para nuestra paz y realización personal, es necesario cuestionar las creencias que nos han inculcado (puesto que no nos están sirviendo para hacernos felices) -como hacía Sócrates- y formarse un criterio personal de las cosas, cuestionando todo lo aprendido para poder cribar lo válido de lo inútil.

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Como sugeríamos en el artículo El buscador espiritual, hay que asumir el reto de descubrir lo que amas, reconocer tus valores, escuchar a tu conciencia, aprender quién quieres ser y luego convertirte en esa persona. Cuando te desarrollas y creces, consigues hacer las paces contigo mismo y los demás (comprendes y aprendes a armonizar tu alma con tu ego), independientemente de las variables e imprevisibles circunstancias exteriores.

Ahora bien, querer buscar y saber buscar no es lo mismo. Ocurre con demasiada frecuencia que no sabemos hacia dónde dirigirnos para encontrar respuestas íntimamente satisfactorias.

Con el fin de paliar el desconcierto y la frustración que produce el no saber qué camino recorrer para nuestro buen desarrollo personal, en este artículo vamos a proponer 70 conceptos con los que, progresivamente, podemos ir conociendo mejor la vida y a nosotros mismos, empezando por las cuestiones existenciales.

Debido a la extensión de los 70 conceptos, vamos a repartirlos en varias entregas. Por su parte, cada concepto expresa una idea de forma resumida, dejando para el lector la tarea de reflexionar sobre dicha idea en profundidad.

Antes de empezar a exponer los conceptos, vamos a recomendar, de forma orientativa, unos libros como soporte a ellos.

BIBLIOTERAPIA

  • Usted puede sanar su vida, de Louise Hay.
  • Tus zonas erróneas, de Wayne Dyer.
  • El arte de no amargarse la vida, de Rafael Santandreu.
  • Muchas vidas, muchos maestros, de Brian Weiss.
  • Morir para ser yo, de Anita Moorjani.
  • Ilusiones, de Richard Bach.
  • Inteligencia emocional, de Daniel Goleman.
  • Tu sexo es tuyo, de Silvia Bejar.
  • Las 5 heridas del alma que impiden ser uno mismo, de Lise Bourbeau.
  • Conversaciones con Dios, de Neale Donald Walsch.

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CONCEPTOS

1.- O bien se tiene fe, o bien se tiene miedo; no hay término medio. Y la mejor certeza es la que proviene del conocimiento. Sin embargo, en la Edad Media (o en el siglo diecinueve, por ejemplo), ¿hubieran podido creer en la existencia de Internet, incluso si lo hubieran visto? Lo más probable es que pensaran que era obra del demonio y alguien acabara en la hoguera o en el manicomio.

2.- No tenemos miedo a la muerte en sí sino a la idea de que con ella desaparezca nuestra personalidad. Para defenderse de esa aterradora idea, la sociedad se ha inventado todo un sistema demente de normas de convivencia y creencias con las que mantener la ilusión de salvación o supervivencia o, en su defecto, de evadirse de lo inevitable. Todo como consecuencia de identificar a nuestro Ser con nuestro cuerpo y el miedoso ego que le acompaña.

3.- “Si quieres entender el universo, piensa en energía, frecuencia y vibración” (Nikola Tesla). “No existe la materia en sí. Toda materia nace y permanece únicamente en virtud de una Fuerza… debemos admitir detrás de la Fuerza mencionada la presencia de un Espíritu consciente inteligente, o sea que EL FUNDAMENTO ESENCIAL DE LA MATERIA ES DICHO ESPIRITU” (Max Planck. Premio Nóbel de Física 1918).

4.- Del total del contenido corporal de nuestra mente, solo entre un 5 o un 10% como mucho corresponde a nuestra mente consciente; esa con la que reaccionamos frente al mundo y nos identificamos. Por lo tanto, y ya que el inconsciente es tan real como el consciente, podemos deducir que nos desconocemos en más de un 90%. En otro orden de cosas, entre las conclusiones de las serias investigaciones medico-científicas que ya se realizan sobre las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), destaca la confirmación de que el cerebro limita el potencial de la mente y que ésta, sin el soporte físico del cerebro sigue existiendo y se expande.

5.- La Biblia afirma metafóricamente que Dios hizo al mundo en siete días. Al sexto día creó al hombre “a su imagen y semejanza” y le cedió el poder sobre todo lo creado; en consecuencia, al séptimo día descansó. Si creemos lo que dice el Génesis: que Dios está descansando y somos nosotros quienes estamos a cargo de desarrollar la creación, entonces es una incongruencia creer también que Dios interviene en el mundo a través de tal o cual libro o persona; o que todo lo que sucede en la vida es responsabilidad de Dios. En realidad, sostener esa creencia es un conveniente autoengaño colectivo para eludir el hecho de que nuestros pensamientos son creadores, y somos responsables de nuestros pensamientos.

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El buscador espiritual

El ser humano debe tener un defecto estructural en su naturaleza, dado que es un “animal racional” pero esa mente racional no le sirve para saber ser feliz, o al menos para tener paz interior y estar en armonía con la vida.

En nosotros se da la paradoja de que tenemos suficiente raciocinio como para poder hacernos preguntas existenciales, pero generalmente no sabemos encontrar respuestas satisfactorias a esas preguntas. Y es un hecho que, a la mayoría de los individuos, la ausencia de respuestas válidas en ese aspecto les desequilibra porque les deja desamparados (no es lo mismo querer tener fe que tener fe) y, en consecuencia, confundidos y atemorizados.

Antes de profundizar en el análisis de ese defecto estructural, hay un curioso dato que es digno de mencionar: un pequeño porcentaje del ADN humano no es propio de la biología humana; es decir, es un añadido extraño a su naturaleza. ¿De dónde ha surgido ese “ADN artificial”? No lo sabemos y, a día de hoy, solo podemos hacer estériles conjeturas. Lo que parece claro es que ese ADN añadido no nos aporta nada bueno, desde el punto de vista de la inteligencia emocional.

Inteligencia emocional

Si una persona no sabe utilizar sus pensamientos y emociones de forma que le sean de utilidad para lograr un bienestar compatible con su paz interior; si, en vez de ello, se deja dominar por el incesante parloteo de la mente y las emociones viscerales e irracionales, ¿realmente se puede considerar inteligente?

Los animales se rigen por sus instintos, cada uno según su especie. A ninguno se le ocurre cuestionarlos ni se plantea desobedecerlos. Y en esa incapacidad para desobedecer esos instintos radica su equilibrio y armonía con la naturaleza.

Pero el ser humano sí tiene la capacidad de cuestionarse la vida, su papel en ella y sus acciones. De tal manera que puede elegir contravenir sus instintos, e incluso modificar el funcionamiento del medio ambiente si considera que le conviene.

Como consecuencia de esa capacidad mental de preguntarse constantemente “¿qué pasaría si hiciera esto o lo otro?”, sumado a la aparente incapacidad para responderse a las cuestiones existenciales que le angustian (lo admita conscientemente o no), el ser humano, a pesar de su inteligencia, sufre porque no logra entender cómo funciona la vida ni cómo desenvolverse en ella para vivir de forma mentalmente saludable. En lugar de ello, y a causa de su tormento interior, ha creado un mundo enfermizo: peligrosamente contaminado y psicológicamente estresante y malsano.

La vida del ser humano se ha convertido en una lucha incesante para refugiarse o huir de las cosas que teme: en primer lugar la muerte, si esta significa la extinción de la identidad que se ha forjado con su particular personalidad, pero también del clima adverso o de determinadas creencias socioculturales e imposiciones económicas que llevan a la mayoría de los individuos a vivir pobremente, mientras una minoría nada en la abundancia.

Es comprensible que el ser humano, a pesar de saber y poder llegar a sentir lo que el amor hacia los demás significa, en la lucha por su supervivencia e identidad se comporte egoístamente, en mayor o menor grado. No obstante, este mundo ofrece suficientes recursos como para que los ricos, una vez saciadas sus necesidades y lujos, pudieran repartir sus migajas con el resto de los habitantes para que estos logren subsistir dignamente, pero no ocurre así.

La élite

Por alguna razón, la élite que gobierna el mundo está insensibilizada frente a la empatía hacia sus semejantes (sin duda porque no los consideran sus semejantes). Y llegados a este punto, conviene aclarar que la élite que gobierna el mundo no son los ricos ni los gobernantes. Son aquellos a quienes ricos y gobernantes se someten, porque les deben favores o porque son incapaces de ir contra ellos. Por ejemplo, organismos como La Reserva Federal Estadounidense o la OMS, a quienes los gobiernos y la prensa obedecen, son privados y no democráticos, y tienen unos dueños que hacen seguir a la humanidad una agenda que ellos mismos han elaborado. Agenda que, disfrazada de altruismo, tiene una parte oculta que se desarrolla mediante la estructura piramidal que tan hábilmente han generado, porque sus intereses van más allá de un mayor enriquecimiento que no necesitan.

Dicho metafóricamente, los seres humanos somos un gallinero que tiene como cuidador al zorro. Y sabemos que el zorro no quiere liberar a las gallinas o mejorar su calidad de vida sino alimentarse de ellas. Si sabemos eso, aunque no podamos evitar que el zorro cuide el gallinero, no nos fiaremos de él y procuraremos evitarlo. Pero si nuestro grado de ignorancia es tan grande que no nos damos cuenta de que quien nos manda es el zorro, confiaremos ingenuamente en él y aceptaremos sus propuestas, con nefastas consecuencias para nosotros antes o después.

La cuestión es ¿cómo hemos llegado colectivamente a tal grado de ignorancia que, a pesar de las evidencias de la desastrosa situación mundial, aún no podemos aceptar que quien nos gobierna es un zorro?

Y la respuesta es muy sencilla: a lo largo de la historia, paulatinamente, el ser humano ha cedido su capacidad de reflexionar y analizar objetivamente los hechos (su capacidad de pensar, en definitiva) a aquellos que han logrado que se los considere como “figuras de autoridad”. Jefes políticos o religiosos (o políticos y religiosos a la vez), en primer lugar; pero también posteriormente a aquellos que el poder ha calificado de consejeros o “expertos” -con titulaciones avaladas por el sistema establecido-, sin importar si esos denominados expertos tienen conflictos de intereses con el poder que representan, a la hora de emitir los dictámenes ¿imparciales? por los que todo el mundo se va a regir después.

Ética y moral

Existen ciertos comportamientos que son comúnmente aceptados como correctos o incorrectos, desde el punto de vista ético universal. Por otra parte, además, en cada sistema sociocultural se han establecido una serie de creencias y conductas morales que son consideradas adecuadas o inadecuadas. Esas conductas y creencias establecidas, curiosamente, tienen la particularidad de que pueden evolucionar o involucionar con el tiempo y dependiendo de quién gobierne en cada momento.

Una vez que un sistema de creencias y valores triunfa (pensemos en el nazismo, el comunismo, el cristianismo o el islamismo, etc.), tiende a perpetuarse porque la gente que está convencida trasmite o impone ese convencimiento, desde su ámbito de influencia, a los demás (a veces con demasiada vehemencia). Y no hay mejor adoctrinador que una persona adoctrinada que no sabe que está adoctrinada, porque es sincero en su creencia equivocada.

Las personas, una vez así educadas/adoctrinadas, tienen una fuerte tendencia a creer y copiar aquello que oyen y ven hacer desde las esferas que ellas consideran válidas y competentes: Familia, escuela y aquellas figuras que hablen en nombre de la ciencia o la religión (pero que no son ni LA CIENCIA ni DIOS), las ideologías o el arte y los “influencers”, según sea el caso. Por consiguiente, mayoritariamente la gente acepta e integra esas creencias y conductas ya que las asumen como propias y, puesto que es su único marco de referencia desde la infancia, a casi nadie se le ocurre cuestionar la veracidad de ellas.

Para comprobar si determinado sistema de valores es verdadero, sería lógico preguntarse ¿Estamos mejor que antes? ¿Funciona? ¿Trae paz? ¿Trae bienestar? ¿Los gobernantes actúan en coherencia con lo que predican? ¿Hay justicia social?

Si la mayoría de las respuestas a estas preguntas son negativas, entonces, claramente podemos deducir que el sistema no funciona (¿te gusta el mundo que ves?) y, por consiguiente, es hora de buscar alternativas.

Pero la gente está tan dormida que ni siquiera se le ocurre hacerse esas preguntas tan simples, básicas y de sentido común. En esas condiciones, podemos pensar que buscar alternativas es una tarea ardua y estéril. Y tal vez sea así a nivel global, pero a nivel individual, tú si puedes y debes, ahora que lo entiendes, plantearte convertirte en buscador de un modo de vida alternativo y mejor al fracaso social que rige actualmente.

En realidad, la vida debe ser más que una lucha por la supervivencia a cualquier precio. Mientras vivimos, la vida continuamente nos plantea retos que aparentemente no hemos elegido pero a los que hemos de responder. Aceptarlos y atreverse a enfrentar nuestros particulares desafíos nos hace sentirnos más vivos y produce verdadera autoestima (porque no depende de los demás). Por el contrario, rendirse sin luchar ante una vida que no entendemos y que no nos gusta solo nos genera autodecepción (y sus nefastas consecuencias).

Buscar para encontrar

Todo aquel que se atreve a buscar respuestas que expliquen el porqué de la existencia de un mundo tan deliberadamente caótico, y aporten soluciones alternativas (aunque sea individuales) frente a la existencia de este mundo inhóspito, es un luchador. Y el que busca acaba encontrando lo que busca, siempre y cuando sepa dónde y cómo buscar. Por el contrario, quien no busca -o no sabe buscar correctamente- no encuentra o, peor aún, le son dadas unas creencias manipuladas interesadamente y que nunca son para favorecerle.

Pero elegir convertirse en buscador requiere voluntad, esfuerzo y fuerza mental para sobreponerse a la duda de la incertidumbre por el resultado en los momentos de debilidad. Por ello, para evitar ese esfuerzo y esa incertidumbre, la inmensa mayoría de la gente prefiere que otros piensen por ellos. De esa forma, su elección (que ellos consideran libre) se reduce a elegir entre uno de los varios esquemas de creencias prefabricadas que se le ofrecen. “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mateo 7:14)

Además del reto de buscar respuestas y soluciones alternativas, existe también el reto de, en medio de tantos impedimentos (traumas infantiles, represiones, manipulaciones, limitaciones, etc.), saber escuchar a nuestra verdadera naturaleza y ser coherente con ella.

Si miramos en nuestro interior, en vez de estar todo el tiempo comparándonos con los estímulos que vienen del mundo exterior (¿Qué dirán? ¿Qué pasará? ¿Es una amenaza?, etc.), podremos observar que nuestra verdadera naturaleza proviene de una fuente superior a la de los fieles animales. Esa parte “racional” está íntimamente ligada a una naturaleza divina. Una naturaleza que nos da, además de libre albedrío, capacidades emocionales únicas como la empatía, la ternura, el altruismo, apreciar la armonía, la honradez y la belleza, etc.

Los retos

Por lo tanto, a pesar de que no encontremos aún las respuestas que buscamos, tenemos ante nosotros el desafío de ser fieles a esa naturaleza espiritual que, cuando sabemos aislarnos del ruido exterior, percibimos su existencia y su realidad. Al tiempo que sentimos que, solo cuando nos dejamos guiar por esa naturaleza superior, nos sentimos equilibrados e íntimamente satisfechos.

En resumen, la vida es siempre un reto y nuestra misión es afrontar el reto o los retos que nos han tocado y, a pesar de esas circunstancias negativas, saber dar al mundo la mejor versión de la que seamos capaces según sea nuestro temperamento (iluminar la parte que nos corresponde para ser luz en la oscuridad en vez de dejarnos vencer por ella).

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La parábola del hijo pródigo

(Artículo extraído del libro Jesús, Pablo y el cristianismo equivocado)

“Todavía tengo muchas cosas que deciros, pero no podéis entenderlas ahora” (Juan 16, 12), dijo Jesús.

Ante esa afirmación, surgen varias preguntas: ¿Qué se quedó por decir?, ¿Cuándo lo dirá? y ¿Cómo lo dirá? Él mismo nos da pistas sobre todo esto ya que, a continuación, dice que cuando venga el Espíritu Santo, Él nos hablará de toda la verdad. Por lo tanto, Jesús nos está indicando que el Espíritu Santo continuará su labor y nos hará entender lo que Él dejó por decir.

Por otro lado, Jesús explica en otra ocasión que el Espíritu Santo es una experiencia interior. Con lo cual podemos llegar a deducir que, a lo que aún tiene que decir ya no se puede llegar con razonamientos sino que se tiene que sentir con el corazón. Jesús, con sus obras, mensaje y ejemplo de vida, nos ha llevado hasta cierto límite. A partir de ahí, lo que falta es una experiencia interior que tenemos que sentir para comprender cuál es la esencia del mensaje que nos ha querido transmitir.

Jesús también dijo: “La verdad os hará libres”. Ante esa afirmación, la pregunta que inmediatamente surge es “¿qué es la verdad?” Pero también nos podemos hacer la pregunta “¿libres de qué?”. Para los creyentes, la respuesta a esta segunda pregunta es muy clara: libres del infierno, libres del demonio. Aunque lo que está claro es que si de algo nos tenemos que liberar es del sufrimiento. Es innegable que en esta vida sufrimos y, dentro de toda la gama de sufrimientos, el sufrimiento básico de fondo es el sufrimiento existencial. Por lo tanto, de lo que con toda seguridad nos tiene que liberar la Verdad es del sufrimiento existencial, de esas preguntas que parece que no tienen respuesta: ¿Quién soy?, ¿Qué sentido tiene la vida?, ¿para qué estoy aquí?, ¿Qué pasa después de la muerte física? y ¿a dónde voy?

Si todas esas cuestiones se aclaran -o Él nos las aclara- o de alguna manera logramos sentir dentro de nosotros las respuestas, nos libraremos de ese sufrimiento (miedo) existencial; que está en la raíz del subsiguiente sufrimiento psicológico que, a su vez, acaba dando lugar a los sufrimientos físicos y a enfermedades de muy diversa índole.

Lo que Jesús quiere enseñarnos

El ejemplo más claro de lo que Jesús quiere enseñarnos lo tenemos en la Parábola del Hijo Pródigo. En dicha parábola, se nos presenta a un padre muy rico que tiene dos hijos. En un momento dado, el hijo menor le pide al padre que le dé su parte de la herencia porque quiere ejercer su libertad e irse a experimentar otras formas de vivir la vida. Su padre acepta sin ponerle ninguna pega porque considera que su hijo tiene derecho a aquello que reclama. El caso es que el hijo, haciendo uso de su libertad y guiándose solo por su criterio, acaba malgastando la herencia hasta llegar a un punto en que pasa hambre y escasez de todo tipo. Pero llega un momento en el que recapacita (“volviendo dentro de sí mismo”, en su traducción más correcta) –pues en su progresiva degradación había llegado a olvidarse de quien era- y recuerda quién era su padre y que hasta el último de sus jornaleros vivía mejor de lo que él lo estaba haciendo. Se arrepiente sinceramente y decide volver y pedir perdón a su padre, sin saber si su padre lo va a perdonar o no. Su padre lo ve venir desde lejos -nos cuenta la parábola- corre hacia él, lo abraza, lo besa, no le riñe ni deja que el hijo se disculpe sino que le da una fiesta de bienvenida, el hijo recupera su herencia –como si nunca la hubiera perdido- y todo queda olvidado.

Las claves de la parábola

Las claves para entender bien esa parábola -que al final del artículo reproduciremos íntegramente- son las siguientes: Dios-Padre es Amor Incondicional y, a causa de su naturaleza de amor incondicional, da libertad a su Hijo para que tome sus propias decisiones. La Herencia del hijo es su naturaleza divina, pues está hecho a imagen y semejanza de su padre que, como ya hemos dicho, es Amor Incondicional. Por lo tanto -como Dios es Amor, autoexistencia y, a su vez, todo y lo único que existe “realmente”- los hijos engendrados por Dios son espíritus santos como el mismo Dios y su herencia, su Espíritu Santo, ni mengua ni se pierde, sino que se queda junto al padre en el mundo celestial real, a la espera de que vuelva realizado el hijo que voluntariamente decidió irse a experimentar y a enfrentarse con aquello que no fue sino un sueño de su mente creadora.

Dicho de otro modo, nuestra herencia, nuestra verdadera naturaleza, nunca la perdemos, sino que se queda a la espera de que “volviendo dentro de sí mismo” despertemos por medio de la inspiración y la sensibilidad, desarrollando una capacidad de amar que sea fiel reflejo de la de nuestro espíritu santo celestial. Para ayudarnos en el proceso de despertar a la realidad espiritual, aparece Jesús como el hermano mayor que viene para recordarnos la verdad que nos hará libres, cuando logremos descifrar la esencia de su mensaje.

Este nuevo nivel de conciencia que Jesús enseña no es exclusivo del cristianismo, por supuesto, porque su mensaje original es fraternal, integrador y no sectario; tiene vocación universal y no excluye a ningún ser humano de la mutua hermandad y del amor de Dios. Por ejemplo, en línea con ese elevado nivel, el místico sufí Ibn el Arabí nos dice así:

“Mi corazón se ha abierto a todas las formas. Es una dehesa para gacelas, un claustro para monjes cristianos, un templo para ídolos, la Caaba del peregrino, las tablas de la Torá y el libro del Corán. Yo practico la religión del Amor. Cualesquiera que sean las direcciones en que avancen sus caravanas, la religión del Amor será mi religión y mi fe”.

La Parábola del Hijo Pródigo

Como la gente lo escuchaba, pasó a contarles una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y la gente pensaba que el reino de Dios iba a manifestarse en cualquier momento. Así que les dijo: «Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos le dijo a su padre: “Papá, dame lo que me toca de la herencia.” Así que el padre repartió sus bienes entre los dos. Poco después el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue a un país lejano; allí vivió desenfrenadamente y derrochó su herencia.»

«Cuando ya lo había gastado todo, sobrevino una gran escasez en la región, y él comenzó a pasar necesidad. Así que fue y consiguió empleo con un ciudadano de aquel país, quien lo mandó a sus campos a cuidar cerdos.»

«Tanta hambre tenía que hubiera querido llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero aun así nadie le daba nada. Por fin recapacitó y se dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen comida de sobra, y yo aquí me muero de hambre! Tengo que volver a mi padre y decirle: Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo; trátame como si fuera uno de tus jornaleros.” Así que emprendió el viaje y se fue a su padre.»

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«Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco que se me llame tu hijo.” Pero el padre ordenó a sus siervos: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa para vestirlo. Pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero más gordo y mátenlo para celebrar un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.” Así que empezaron a hacer fiesta.»

«Mientras tanto, el hijo mayor estaba en el campo. Al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música del baile. Entonces llamó a uno de los siervos y le preguntó qué pasaba. “Ha llegado tu hermano —le respondió—, y tu papá ha matado el ternero más gordo porque ha recobrado a su hijo sano y salvo.” Indignado, el hermano mayor se negó a entrar. Así que su padre salió a suplicarle que lo hiciera. Pero él le contestó: “¡Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes, y ni un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos! ¡Pero ahora llega ese hijo tuyo, que ha despilfarrado tu fortuna con prostitutas, y tú mandas matar en su honor el ternero más gordo!”»

«“Hijo mío —le dijo su padre—, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo. Pero teníamos que hacer fiesta y alegrarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto, pero ahora ha vuelto a la vida; se había perdido, pero ya lo hemos encontrado.”»

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