Crecimiento personal y realización 5

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36.- “He aquí las palabras más autodestructivas de nuestra cultura: ¡hazlo lo mejor que puedas! ¿Por qué no te buscas unas actividades que simplemente haces en vez de hacerlas lo mejor que puedas? ¿Por qué vas a tener que hacerlo todo bien? ¿Quién te está marcando los tantos?” (Wayne Dyer).

Aquellas personas que, tratando de hacerlo todo lo mejor posible –de acuerdo a los dictados de la cultura superficial y competitiva en la que nos movemos- se obsesionan con la perfección, viven permanentemente insatisfechas y paralizadas; atravesando un mar de emociones malsanas que van desde la ansiedad a la baja autoestima y la depresión.

37.- Tus conceptos del bien y del mal se interponen en tu propia felicidad. Existe una tendencia aprendida a creer que las cosas necesariamente “deberían” ser de una manera concreta, según manda la Ley o la Tradición. Aquello que es culturalmente aceptado como correcto implica una seguridad, una garantía, de que si haces algo de cierta manera el resultado será necesariamente positivo. Pero no hay garantías. Las personas son diferentes y ven las cosas desde perspectivas diferentes. Si una persona tiene forzosamente que tener la razón, el único resultado posible de su relación con los demás es de crisis o ruptura en la comunicación. La única manera de salirse de esta trampa es dejar de pensar de esa manera errónea de bien contra mal. “La ley no decide si algo está mal, sólo si es legal”.

Los conceptos del bien y del mal también son susceptibles de ser empleados perversamente como chantaje emocional. De niño has aprendido inconscientemente a utilizarlos para conseguir lo que quieres de otra persona (u otra persona de ti) a través de miedos, culpas, “deberías” u obligaciones. Todo este mecanismo se basa en unas creencias y valores establecidos sobre lo que es correcto o no hacer.

38.- La Justicia no existe. Nunca ha existido y jamás existirá. Simplemente el mundo no ha sido organizado de esa manera. Los gorriones comen gusanos. Eso no es justo para los gusanos. Los tornados, las inundaciones, los maremotos, las sequías, todas esas cosas son injustas (W. Dyer). Lo que sí existe es el Amor como único medio adecuado para paliar la imperfección y las injusticias intrínsecas al mundo material en el que estamos encarnados.

39.- Otra estéril y dañina conducta aprendida es el Victimismo. A partir del momento en que una persona -generalmente desde su infancia- aprende a sentirse víctima, se queda estancada en la baja vibración que esa visión de si misma produce. Esa persona se siente incapaz de cambiar y mejorar su situación de dolor, rabia y frustración emocional porque lo que le sucede depende de los demás. Por lo tanto, no se responsabiliza por nada de lo que le ocurre.

El victimista se relaciona con la realidad a base de quejas, reproches, críticas, búsqueda de culpables, etc.; lo que suele conllevar un deterioro confirmatorio de sus relaciones personales.

El victimista siempre va buscando a un salvador que le escuche y le comprenda. Como ganancia secundaria, el victimismo implica una manipuladora exigencia disfrazada de sentimientos de lástima y culpa.

El victimismo es también una malsana zona de confort que puede ser muy adictiva, mientras la persona no sea capaz de mirarse sinceramente ante el espejo y aceptar la responsabilidad en su deprimente estado emocional.

Mientras una persona elija hacerse la mártir, estará implorando virtualmente que la exploten. Pero cuando la persona se hace consciente de las causas que le han llevado a adoptar esa actitud fatalista ante la vida, y decide dejar atrás esa conducta aprendida, empiezan rápidamente a mejorar sus relaciones personales y su autoestima.

40.- Hay temperamentos más proclives que otros a la ira. En cualquier caso, la ira y el mal humor es una parte de ti mismo que no te gusta y desagrada a los demás. Es una descontrolada reacción de frustración ante el hecho de que las cosas o la gente sean diferentes a como tendrían que ser, en tu opinión.

La ira no tiene retribuciones ni compensaciones psicológicas y es debilitante. Te daña físicamente y psicológicamente daña las relaciones afectivas, interfiere la comunicación y, desde el victimismo, lleva a la culpabilidad.

Cada vez que optas por la rabia cuando te enfrentas con alguien o con algo que no te gusta, optas a la vez por dejarte herir o inmovilizar de alguna manera por una realidad que no aceptas a causa de una inmadura educación emocional. De tu ego has aprendido que ser orgulloso, competitivo, exigente y justiciero es lo que te conviene; pero lo que es bueno para tu ego es malo para la evolución de tu alma y se manifiesta en tu vida en forma de algún tipo de desasosiego.

Debido a que la ira puede ser la antesala de la depresión, en ocasiones su expresión puede ser más saludable que su represión. Pero existe una postura aún más sana: no sentir esa ira en absoluto.

Desde la sabiduría que da la humildad espiritual, podremos comprender y aceptar mejor que, cualquier cambio o circunstancia que nos depare la vida, siempre es para mejorar.

41.- Necesidades (agua, comida, refugio) y deseos no son lo mismo. Los deseos convertidos en “necesidades irracionales”, si no se cumplen te hacen desgraciado y, si se cumplen, también (por el miedo a perder lo conseguido). En realidad, solo se puede disfrutar plenamente de aquello de lo que se puede prescindir.

Las personas emocionalmente inmaduras suelen ser caprichosas y tienen una baja tolerancia al dolor y la frustración. Sus expectativas erróneas, o el exceso de expectativas ante la vida, son una fuente de sufrimiento innecesario. Las necesidades “inventadas” son una debilidad.

Cuanto más reclama una persona, más condiciones pone para ser feliz y más se atrapa en su propia red de insatisfacción. La actitud más recomendable, una vez cubiertas las necesidades básicas objetivas, es pensar que obtener tal o cual cosa es “mejor pero no necesario” para la satisfacción interior.

42.- Una desilusión es una emoción que te ayuda a salir del lugar incorrecto. “La gente que dice que la vida no vale la pena está equivocada, porque lo que realmente están diciendo es que no tienen metas que valgan la pena” (Maxwell Maltz). “La vida de cada persona se vuelve algo grandioso cuando se fija metas en las que realmente cree, cuando se puede comprometer totalmente y estar dispuesto a entregarse en cuerpo y alma para alcanzarlas” (Brian Tracy). Para lograr cualquier cosa, primero nos tenemos que emocionar” (Earl Nightingale). Lo mejor para la tristeza es aprender algo. Es lo único que no falla nunca.

43.- Somos seres en proceso de Ser. A partir de las peculiares características con las que has sido dotado, “eres responsable ante el universo de ser aquello para lo que naciste” (Lobo Negro). Te harás daño si te olvidas de escuchar tu voz interna e, interactuando con la vida y los demás, pretendes ser quien no eres. “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada” (Jesús). Aquello de lo que tratas de escapar, te perseguirá hasta que le hagas frente. Por el contrario, haciendo lo que tememos, disolvemos nuestro temor. “El único modo de superar una prueba es realizarla. Es inevitable” (anciano Cisne Negro Real).

44.- Tú tienes el poder de elegir si algo te destruye o te fortalece (no eres una víctima del exterior). Si tomas conciencia, cada problema que la vida te plantea es un reto que te da la oportunidad de evolucionar. “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontas ese sufrimiento” (Victor Frankl). Los retos de la vida no están ahí para paralizarte, sino para ayudarte a descubrir quien eres.

El sentido de la vida es aprender a amar y, como consecuencia, te ocurren las cosas –pruebas- que tú decides experimentar para tu personal evolución espiritual. Al mismo tiempo, como todos estamos hermanados en ese mismo proceso, las circunstancias que nos ocurren están maravillosamente sincronizadas por la Sabiduría Divina. “Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados”.

45.- “Cuando se encuentren sufriendo ante cualquier tipo de situación háganse esta pregunta, ¿Qué es lo que yo no estoy aceptando? Aquello que no soy capaz de aceptar es la única causa del sufrimiento. Así pues, vamos a ver qué es lo que yo no estoy aceptando y porque no puedo aceptarlo. Si lograra aceptarlo, tendría una liberación instantánea del sufrimiento ya que entraría en la dimensión de comprensión, de amor y de paz. Vamos a buscar como desmontar esa resistencia y finalmente cumplir lo que vinimos a hacer al mundo: Aprender a ser felices y aprender a Amar… No vayan a confundir la renuncia con la resignación, ni la aceptación con la resignación. Es simplemente que la renuncia tiene un poder mágico sobre nosotros en la medida en que cuando renuncio a aquello que no me corresponde, y a aquello que no necesito, obtengo una liberación extraordinaria” (Gerardo Schmedling).

La Aceptación implica no protestar o no quejarse, y la felicidad implica no protestar por lo que no tiene remedio o ante lo que no hay nada que hacer. Lo que se resiste, persiste. Y lo que se acepta, se transforma. Al mismo tiempo, cuando se tiene el valor de dejar ir todo aquello que no se puede cambiar, se alcanza la dicha.

Joaquín Ferrer

Continuará…

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26.- Nuestra cultura otorga un gran valor al “hacer”. Nos enseñan que debemos ser todo lo activos, centrados y productivos que podamos. La mayoría nos sentimos culpables cuando no estamos practicando algún tipo de actividad productiva, ya sea física o mental. Se concede muy poco valor al simple acto de “ser”; pero la verdad es que cuando descansamos en el “ser” nos sentimos conectados con la fuente de la alegría, en vez de la euforia temporal que puede proporcionarnos el “hacer” o el “tener”. El hecho de que no entendamos esto es la raíz de muchos de nuestros mayores problemas.

27.- “Conócete a ti mismo”. Creamos un personaje para defendernos del mundo y acabamos creyendo que somos el personaje que hemos creado. Para evitar eso y sentir la satisfacción de SER quien eres, antes necesitas liberarte de la insatisfacción de ser quien no eres y desidentificarte de tu ego que “se siente ofendido, necesita ganar, tener razón, tener más, ser superior e identificarse con sus logros y con su fama”. Sé que “No soy”, cuando me olvido de mi esencia y todo en mí es identificación con algo o alguien que me he construido mirando al espejo de una sociedad enferma, e imitándola para encajar en ella.

La necesidad de aprobación

28.- La necesidad de aprobación de los demás equivale a decir: “Lo que tú piensas de mí es más importante que la opinión que tengo de mi mismo”. Uno es aquello que elige ser, pero también lo que renuncia a ser. Si dependemos en demasía de las opiniones de los demás, lo que hacemos es perder energía y debilitar nuestra personalidad. Mientras mayor sea tu necesidad de halago, más fácilmente podrás ser manipulado por los demás. El pensamiento independiente no sólo es anticonvencional, sino que es el enemigo de las mismas instituciones que constituyen los baluartes de nuestra sociedad. Sin embargo, sin hacer uso de él es imposible conocerte a ti mismo y alcanzar el equilibrio personal.

29.- “Saber que, digas lo que digas, pienses lo que pienses o hagas lo que hagas, habrá alguien que no esté de acuerdo contigo, es la mejor manera de desapegarse de la necesidad de aprobación. Las personas que parecen conseguir la mayor cantidad de aprobación en la vida son precisamente las que nunca la buscan, que no la desean y a las que menos les preocupa conseguirla” (Wayne Dyer). Secretamente, la gente admira a las personas que se atreven a pensar por sí mismas.

30.- Cuando el individuo acepta o se deja condicionar por la etiqueta que lo clasifica, el Ser deja de existir. Esa etiqueta se formo en el pasado. Cuando dices cosas como “yo siempre he sido así”, “no puedo evitarlo”, etc., en realidad estás diciendo: “Pienso seguir siendo lo que he sido siempre”. Sin embargo, si haces lo que siempre has hecho, no llegarás más lejos de donde siempre has llegado.

31.- Aferrarte a tu pasado por medio de los “Yo soy”, que sacas a relucir cuando te conviene, permite a tu ego mantenerse seguro dentro de su zona de confort. Mediante la táctica de la evasión, el ego evita tener que cuestionarse a si mismo; que es a lo que más teme. De ese modo, aun cuando suframos o nos sintamos insatisfechos o infelices, el ego está dispuesto a aceptar esa desagradable situación antes que cambiar aquellos patrones mentales con los que se identifica.

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La culpabilidad

32.- Las dos emociones más inútiles son la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer. Se considera “incorrecto” que no te sientas culpable, e “inhumano” que no te preocupes.

La culpabilidad es malsana porque gastas inútilmente tu energía en el presente sintiéndote molesto y deprimido a causa de un acontecimiento ya histórico. No hay culpabilidad por grande que sea, que pueda resolver un solo problema.

En nuestra cultura hay muchas venas de pensamiento puritano que nos envían mensajes de este calibre: “Si te diviertes, tendrías que sentirte culpable por ello”.

Puedes aprender a disfrutar del placer sin sentirte culpable. Soportar una sentencia de culpa autoimpuesta es un “viaje” neurótico que te puedes evitar. La culpabilidad no sólo sirve para inmovilizarte sino que aumenta las posibilidades de que repitas el mismo comportamiento indeseado en el futuro (Wayne Dyer. Tus zonas erróneas).

Cuando logres no necesitar aprobación, desaparecerá la culpa que puedes sentir por el comportamiento que no obtiene la aprobación de los demás, y la posibilidad de manipularte y de controlarte emocionalmente habrá desaparecido para siempre. Sentirás la satisfacción de recuperar tu autonomía cuando seas capaz de devolver a tus acusadores el regalo de sus acusaciones diciendo simplemente: “Tu opinión sobre mí a mí no me sirve, haz con ella lo que quieras”.

33.- Quien se siente culpable, inconscientemente está pidiendo castigo y atrayéndolo a su vida. La manera de enfocar las situaciones de la vida, es la clave. Conviene darse cuenta de que Causa y Efecto no es lo mismo ni tiene que derivar en Premio o Castigo.

Los errores cometidos pueden tener consecuencias de las que tendremos que aprender y responsabilizarnos, sin necesidad de que tengamos que hundirnos en dañinas, inútiles e inmovilizantes justificaciones o remordimientos. “Para que las heridas sanen, deja de tocarlas”.

Además, con respecto a nuestros errores de aprendizaje, “la vida es tan buena maestra que, cuando no aprendes una lección, te la repite”. La vida es eterna; no tiene prisa. La cantidad y duración del sufrimiento por no aprender las lecciones de nuestros errores son responsabilidad exclusiva del alumno. “Tu mejor maestro es tu último error”. Pero una vez que has aprendido, “no te juzgues más por tu pasado, ya no vives allí”.

Preocupación y Fracaso

34.- Si estás haciendo planes para el futuro y la actividad del momento presente puede contribuir a que ese futuro sea mejor, eso no es preocupación. Sólo es preocupación cuando de alguna manera te encuentras inmovilizado en el presente por algún acontecimiento que puede suceder en el futuro; especialmente cuando no tienes ningún control sobre el motivo de tu preocupación.

Cuando te pilles angustiándote, pregúntate a ti mismo: “¿De qué me estoy evadiendo al gastar el tiempo en preocupaciones en vez de vivir lo que el momento depara?”. Entonces empieza a atacar lo que estás evitando. El mejor antídoto para la preocupación es la acción.

Igualmente, hazte a ti mismo esta pregunta eliminadora de preocupaciones: “¿Qué es lo peor que me puede pasar a mí (o a ellos) y qué posibilidades hay de que ocurra?”. Descubrirás de esta manera el absurdo de la mayoría de tus preocupaciones.

Si temes sufrir, ya estás sufriendo. La preocupación no quita los problemas de mañana, quita la fuerza de hoy.

35.- Hacer un proyecto no es necesariamente una actitud malsana, pero enamorarse del proyecto es lo realmente neurótico. La gente rígida nunca crece. La rigidez tiene origen en la inseguridad y es la base del prejuicio. Los prejuicios son válvulas de seguridad que sirven para evitar el fracaso y las regiones oscuras o dudosas a cambio de anular el crecimiento.

El fracaso es un concepto subjetivo. Es simplemente la opinión que alguien tiene sobre cómo se deberían hacer ciertas cosas. Lo importante es no equiparar el acto con el valor de tu persona. El no triunfar en algo que trataste de hacer no implica tu fracaso como persona. Se trata simplemente de no haber logrado el éxito en esa tarea específica y en ese momento concreto.

El fracaso puede ser productivo. Puede servir de incentivo al trabajo y a la exploración. Y puede incluso tildársele de éxito si muestra el camino que lleva a nuevos descubrimientos. “Nada falla tanto como el éxito porque no aprendemos nada de él.”

Tenerle miedo al fracaso significa temer tanto a lo desconocido como a la desaprobación que te puede acarrear el no hacerlo lo mejor posible.

Nadie fracasa mientras no se deje vencer por la ira, la desesperación o intente justificar su situación culpabilizando a los demás.

Joaquín Ferrrer

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16.- La vida es sencilla; no pide más que vivirla –bien lo saben los niños y los animales- pero los adultos la complicamos con el incesante y estéril parloteo de nuestros temerosos pensamientos, que nos llevan inevitablemente a unas negativas consecuencias y a unas erróneas interpretaciones. “Que los pájaros de los pensamientos revoloteen en la mente es inevitable, pero que aniden sí”.

17.- La función de la mente es pensar en todas las alternativas posibles que tenemos ante cada situación que imaginemos o se nos presente. Cuando nos censuramos ciertos pensamientos porque no encajan con la imagen que queremos tener de nosotros mismos, dichos pensamientos no desaparecen sino que se esconden en la parte inconsciente de nuestra personalidad que llamamos “la sombra”. Allí se guardan todo tipo de frustraciones, experiencias vergonzosas, complejos, temores, inseguridades, rencores, agresividad y toda clase de pensamientos negativos en general. Desde el escondite en el que hemos arrinconado a esos antiestéticos pensamientos y sus consiguientes emociones, la sombra puede causarnos mucho daño físico y malestar psicoemocional en su pugna por salir. Es nuestra responsabilidad individual hacerla consciente sin juzgarla e integrar esos pensamientos en nuestra personalidad total para conseguir transformar esa misma energía en creatividad. Todos tenemos luz y oscuridad, lo que importa es a cual elegimos obedecer.

Cuenta una antigua leyenda sioux que, una noche, el jefe de la tribu, reunido con sus nietos al calor de la fogata, les contó lo siguiente:
“Una gran pelea entre dos lobos tiene lugar dentro de mí. Uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, mentira, orgullo, celos, egoísmo, egolatría. El otro lobo es bondad, alegría, paz, amor, serenidad, ternura, humildad, dulzura, benevolencia, generosidad, verdad, compasión, fe, valor, amistad, gratitud… Esta misma pelea ocurre dentro de vosotros y dentro de todos los seres de la Tierra”.
Los nietos se quedaron pensativos y, después de unos instantes de silencio, uno de ellos preguntó:
-“Abuelo, ¿y cuál de los dos lobos crees que ganará la pelea?
-“Ganará, sin duda, el lobo que tú más alimentes” –fue su respuesta.

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18.- Albert Einstein dijo:

“Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en que se creó”. Queremos que se solucionen los problemas para tener paz pero es justo al revés; debemos tener paz interior primero para que, como consecuencia, se solucionen los problemas. Si cambias la manera de ver las cosas, las cosas cambian.

19.- “El miedo profundo que se siente, no es frente a un objeto o situación en particular sino frente a la existencia. Surge también de este sentimiento de “separatidad”, de sentirnos diferentes y separados del Todo. Nos sentimos solos, desvalidos y faltos de confianza, y eso nos lleva a sentir miedo. Cuando recordamos y tomamos conciencia de que todos somos lo mismo, que todos estamos interconectados, que todos somos en última instancia energía o Amor, el miedo empieza a desvanecerse y empezamos a sentir confianza en la vida y en el Universo” (Erich Fromm).

20.- El miedo esta directamente relacionado con una baja autoestima. Ambos son productos de la ausencia de amor, y ambos son aprendidos. No nacemos con miedos ni con sentimientos de inferioridad ni con falta de amor hacia nosotros mismos, sino que los vamos incorporando a nuestra personalidad a partir de modelos mentales y creencias que nos son transmitidas, muchas veces con la mejor intención. Creamos nuestra realidad y nuestra percepción de nosotros mismos a partir de esas creencias. Una baja autoestima genera inevitablemente una gran cantidad de miedos tóxicos que limitan y a la vez siguen alimentando esa baja autoestima. Se tiene miedo, por ejemplo, a no ser capaz, al rechazo, al ridículo, a no ser aceptados, a expresar los gustos u opiniones, al fracaso; en fin, miedos y miedos que frenan e impiden hacer aquello que se quiere hacer.

Tu propio valor

21.- No confundas nunca tu propio valor (que es un valor inamovible heredado de Dios) con tu comportamiento o con el comportamiento de los demás hacia tu persona. De niño aprendiste que amarte a ti mismo, algo natural en aquel entonces, era lo mismo que ser egoísta y consentido. Seguramente, a veces te dices a ti mismo que debes mejorar tu capacidad de amar. Sin embargo, cuesta darse cuenta de que el amor a los demás está relacionado directamente con el amor que te tienes a ti mismo. Hasta que no aprendes a quererte a ti mismo, no estarás en disposición de dar amor verdadero a otra persona. Solo cuando sabes amarte a ti mismo puedes llenar el vacío dentro de ti y realmente aceptar y amar a otros. Además, es sabido que cuando nos amamos a nosotros mismos todo nos funciona bien en la vida.

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22.- Para recuperar el estado natural de amarnos a nosotros mismos, tenemos que salvar el obstáculo del “pensamiento autocrítico repetitivo”. Se trata de una voz que nos dice constantemente lo que hemos hecho mal, nos dice lo inadecuados que somos, nos compara desfavorablemente con los demás, y así sucesivamente. Afortunadamente podemos llegar a ser conscientes de nuestro crítico interior, trabajar con él y llegar a transformarlo en un aliado en lugar de un enemigo. ¿Cómo? Empieza por ser bondadoso contigo mismo. Date consuelo y aprobación y así tendrás fuerzas para empezar el cambio a mejor.

23.- Desde niños, por necesidad o deseo de amor correspondido, hemos sido capaces de “desviarnos” de nosotros mismos para ser aceptados. Así hemos aprendido que el amor es condicionado y hemos olvidado que el Amor es la capacidad y la buena disposición para permitir que los seres queridos sean lo que ellos elijan para si mismos, sin insistir en que hagan lo que a ti te satisficiera o te gustase. “Debes amar de tal manera que la persona que amas se sienta libre” (Thich Naht Hanh).

  1. He aquí una hermosa descripción de cómo el Amor actúa:
    Tus hijos no son tus hijos
    son hijos e hijas de la vida
    deseosa de si misma.
    No vienen de ti, sino a través de ti
    y aunque estén contigo
    no te pertenecen.
    Puedes darles tu amor,
    pero no tus pensamientos, pues,
    ellos tienen sus propios pensamientos.
    Puedes abrigar sus cuerpos,
    pero no sus almas, porque ellas,
    viven en la casa del mañana,
    que no puedes visitar
    ni siquiera en sueños.
    Puedes esforzarte en ser como ellos,
    pero no procures hacerlos semejantes a ti
    porque la vida no retrocede,
    ni se detiene en el ayer.
    Tú eres el arco del cual, tus hijos
    como flechas vivas son lanzados.
    Deja que la inclinación
    en tu mano de arquero
    sea para la felicidad.
    Kahlil Gibran

25.- Sientes lo que piensas, y puedes aprender a pensar diferentemente sobre cualquier cosa, si decides hacerlo. Pregúntate a ti mismo si vale la pena, si te compensa ser infeliz, estar deprimido o sentirte herido u ofendido. Ante cualquier situación, si la solución que encuentras no da la paz, no es la solución adecuada. Elige de nuevo. “Tu eres el creador de tus experiencias. Reconoce y acepta la responsabilidad de tu vida” (Dr. Phill).

Joaquín Ferrer

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Crecimiento personal y realización 2

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6.- El primer paso en el camino de la Realización Personal, consiste en darse cuenta de que todo nuestro sistema de valores está basado en unas creencias que no son nuestras; se establecieron hábilmente en el inconsciente colectivo hace generaciones y nosotros las hemos heredado hipnotizados desde la cuna. Hemos integrado esas creencias en nuestro ser, las hemos adaptado a nuestro carácter y hemos formado una personalidad que hemos ido llenando de prejuicios. Y sin embargo, cuando la vida nos pone a prueba y no tenemos más remedio que mirarnos a nosotros mismos, notamos que algo nos falta y que nos sentimos vacíos.

7.- Nos han enseñado qué pensar en lugar de cómo pensar. Así pues, el segundo paso consiste en ir detectando y cuestionando la validez de esas creencias adquiridas. Es decir, empezar a recuperar nuestro poder tomando la decisión de aprender a pensar por nosotros mismos.

8.- “Sois dioses”, “la Verdad os hará libres”, “el Reino de Dios está dentro de vosotros”, “ama al prójimo como a ti mismo”. Jesús no era cristiano y Buda no era budista. Eran Maestros que enseñaban que Dios es Amor Incondicional y que, a su vez, todos nosotros estamos hermanados y compartimos igualmente la esencia de Dios. “El Amor es Dios, y todo aquel que ama conoce a Dios; el que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es Amor” (1 Juan 4, 7-8). Por lo tanto, solo conociendo y siendo fieles a nuestra auténtica naturaleza podemos sentirnos realizados.

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9.- “Todavía tengo muchas cosas que deciros, pero no podéis entenderlas ahora”, “hablo por medio de parábolas para que, aunque miren, no vean y aunque oigan, no entiendan”. Debido a los insalvables prejuicios culturales de su tiempo, muchos discípulos, con más buena fe que sensibilidad y conocimiento espiritual, transformaron las sabias recomendaciones en imposiciones y dogmatismos. Por eso, mientras las religiones organizadas te dicen: “Cree en Dios”, la espiritualidad espontánea te dice: “Dios cree en ti…no importa en qué creas tú”.

10.- El filósofo Baruch Spinosa, ya en el siglo XVII, escribió una obra titulada Lo que Dios hubiera dicho. En ella, escribe cosas como las siguientes: “No me culpes a mí por todo lo que te han hecho creer… Deja ya de temerme ¿Crees que podría yo crear un lugar para quemar a mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de Dios puede hacer eso?… Deja ya de alabarme ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy? Lo único que te pido es que ames y respetes a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para ti”.

11.- El libro Conversaciones con Dios

de Neale Donald Walsch, nos da unas claves para “entender” a Dios. Nos indica que Dios está en la Emoción y nos invita a que nos preguntemos continuamente “¿Qué haría el Amor en esta situación?” En caso de duda, nos aconseja que decidamos del lado del amor. Por otra parte, para distinguir si algo está bien o no, propone la siguiente pregunta “¿Qué pasaría si todos lo hicieran?” Más allá de esos consejos, en el libro hay una explicación didáctica del concepto de la Trinidad que, simplificando, sería que DIOS-PADRE es la Autoexistencia no-manifestada que lleva dentro de sí el “conocimiento intelectual” de todas las cosas. El HIJO equivale a la decisión de manifestar una parte de sí mismo, creando para ello las condiciones idóneas (el “No Ser”) con las que poder experimentar y desarrollar sus potencialidades. El ESPÍRITU SANTO es aquella parte profunda de nosotros que nunca abandonó el Hogar Celestial y está a la espera de que nuestra alma retorne realizada a través de la experiencia, a semejanza del Hijo Pródigo.

12.- Ahondando en estos necesarios y liberadores conocimientos metafísicos, el inspirado libro Un Curso de Milagros (Helen Schucman) contiene una sabiduría aplastantemente lógica y vitalmente revolucionaria para el paradigma cultural en el que todavía estamos instalados. En él se afirman cosas como las siguientes: “Solo lo que Dios creó es real. El Espíritu del Amor es lo único que tiene Autoexistencia. El espíritu está eternamente en estado de gracia. Tu realidad es únicamente espíritu. Por lo tanto, estás eternamente en estado de gracia. Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios”.

13.- Cuando el Hijo Pródigo -todos nosotros-, en su voluntario proceso de experimentación llega a olvidarse de quien es, se siente vacío (desnudo). Ese es el momento del llamado Pecado Original. La confusión que genera ese vacío hace que surja el miedo y aparezca el ego. Ese ego, nacido de la ignorancia espiritual y el consiguiente miedo, genera pensamientos de desamparo y culpabilidad; los pensamientos generan emociones y las emociones sentimientos que, a su vez, se materializan en sucesos que está predispuesto a interpretar como amenazas o castigos. De esa manera, se cierra el círculo vicioso y se ratifica el ego. Llegados a este punto. El ego no encuentra más refugio que identificarse con todo ese proceso de lógicos pero erróneos razonamientos.

14.- En el siglo XVIII, el filósofo Immanuel Kant proponía tres premisas para dar sentido a la vida. Más o menos decían: “Recuerda quien eres. Olvida todo lo que has hecho mientras no recordabas quien eres. Ahora, demuestra quien eres”. De modo similar, el místico sufí Al-Hallaj fue martirizado por ratificar su creencia de que “Dios está en mí y yo estoy en Dios cuando dejo de ser yo”.

15.- Al conocer y asimilar los conceptos precedentes, nos hemos asegurado unas bases sólidas con las que empezar a trabajar nuestro Crecimiento Personal. Sin olvidar lo que decía Confucio: “Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes”.

Joaquín Ferrer

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Crecimiento personal y realización

Decía Krisnhamurti que “no es síntoma de buena salud estar bien adaptado a una sociedad enferma”. Y no parece que el mundo que hemos creado sea un lugar idóneo: es social y económicamente injusto, ecológicamente desastroso y psicológicamente desestabilizante. Además, el mundo material es imperfecto en esencia y, en consecuencia, aun cuando hubiera armonía en él, no puede proporcionarnos felicidad duradera, como ya nos han advertido los grandes maestros.

Desde un enfoque puramente materialista, difícilmente alguien puede sentirse realizado, pues la vida se centra en desear cosas materiales más y más, más y mejor, solo para descubrir que, aunque las obtengamos, no nos conseguimos librar de la sensación de insatisfacción. Nos falta algo que no pertenece al plano material, pero el material es el único plano para el que nos han maleducado.

Para nuestra paz y realización personal, es necesario cuestionar las creencias que nos han inculcado (puesto que no nos están sirviendo para hacernos felices) -como hacía Sócrates- y formarse un criterio personal de las cosas, cuestionando todo lo aprendido para poder cribar lo válido de lo inútil.

Psicodescodificación y psicología transpersonal

Como sugeríamos en el artículo El buscador espiritual, hay que asumir el reto de descubrir lo que amas, reconocer tus valores, escuchar a tu conciencia, aprender quién quieres ser y luego convertirte en esa persona. Cuando te desarrollas y creces, consigues hacer las paces contigo mismo y los demás (comprendes y aprendes a armonizar tu alma con tu ego), independientemente de las variables e imprevisibles circunstancias exteriores.

Ahora bien, querer buscar y saber buscar no es lo mismo. Ocurre con demasiada frecuencia que no sabemos hacia dónde dirigirnos para encontrar respuestas íntimamente satisfactorias.

Con el fin de paliar el desconcierto y la frustración que produce el no saber qué camino recorrer para nuestro buen desarrollo personal, en este artículo vamos a proponer 70 conceptos con los que, progresivamente, podemos ir conociendo mejor la vida y a nosotros mismos, empezando por las cuestiones existenciales.

Debido a la extensión de los 70 conceptos, vamos a repartirlos en varias entregas. Por su parte, cada concepto expresa una idea de forma resumida, dejando para el lector la tarea de reflexionar sobre dicha idea en profundidad.

Antes de empezar a exponer los conceptos, vamos a recomendar, de forma orientativa, unos libros como soporte a ellos.

BIBLIOTERAPIA

  • Usted puede sanar su vida, de Louise Hay.
  • Tus zonas erróneas, de Wayne Dyer.
  • El arte de no amargarse la vida, de Rafael Santandreu.
  • Muchas vidas, muchos maestros, de Brian Weiss.
  • Morir para ser yo, de Anita Moorjani.
  • Ilusiones, de Richard Bach.
  • Inteligencia emocional, de Daniel Goleman.
  • Tu sexo es tuyo, de Silvia Bejar.
  • Las 5 heridas del alma que impiden ser uno mismo, de Lise Bourbeau.
  • Conversaciones con Dios, de Neale Donald Walsch.

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CONCEPTOS

1.- O bien se tiene fe, o bien se tiene miedo; no hay término medio. Y la mejor certeza es la que proviene del conocimiento. Sin embargo, en la Edad Media (o en el siglo diecinueve, por ejemplo), ¿hubieran podido creer en la existencia de Internet, incluso si lo hubieran visto? Lo más probable es que pensaran que era obra del demonio y alguien acabara en la hoguera o en el manicomio.

2.- No tenemos miedo a la muerte en sí sino a la idea de que con ella desaparezca nuestra personalidad. Para defenderse de esa aterradora idea, la sociedad se ha inventado todo un sistema demente de normas de convivencia y creencias con las que mantener la ilusión de salvación o supervivencia o, en su defecto, de evadirse de lo inevitable. Todo como consecuencia de identificar a nuestro Ser con nuestro cuerpo y el miedoso ego que le acompaña.

3.- “Si quieres entender el universo, piensa en energía, frecuencia y vibración” (Nikola Tesla). “No existe la materia en sí. Toda materia nace y permanece únicamente en virtud de una Fuerza… debemos admitir detrás de la Fuerza mencionada la presencia de un Espíritu consciente inteligente, o sea que EL FUNDAMENTO ESENCIAL DE LA MATERIA ES DICHO ESPIRITU” (Max Planck. Premio Nóbel de Física 1918).

4.- Del total del contenido corporal de nuestra mente, solo entre un 5 o un 10% como mucho corresponde a nuestra mente consciente; esa con la que reaccionamos frente al mundo y nos identificamos. Por lo tanto, y ya que el inconsciente es tan real como el consciente, podemos deducir que nos desconocemos en más de un 90%. En otro orden de cosas, entre las conclusiones de las serias investigaciones medico-científicas que ya se realizan sobre las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), destaca la confirmación de que el cerebro limita el potencial de la mente y que ésta, sin el soporte físico del cerebro sigue existiendo y se expande.

5.- La Biblia afirma metafóricamente que Dios hizo al mundo en siete días. Al sexto día creó al hombre “a su imagen y semejanza” y le cedió el poder sobre todo lo creado; en consecuencia, al séptimo día descansó. Si creemos lo que dice el Génesis: que Dios está descansando y somos nosotros quienes estamos a cargo de desarrollar la creación, entonces es una incongruencia creer también que Dios interviene en el mundo a través de tal o cual libro o persona; o que todo lo que sucede en la vida es responsabilidad de Dios. En realidad, sostener esa creencia es un conveniente autoengaño colectivo para eludir el hecho de que nuestros pensamientos son creadores, y somos responsables de nuestros pensamientos.

Joaquín Ferrer

Continúa en la PARTE 2

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El buscador espiritual

El ser humano debe tener un defecto estructural en su naturaleza, dado que es un “animal racional” pero esa mente racional no le sirve para saber ser feliz, o al menos para tener paz interior y estar en armonía con la vida.

En nosotros se da la paradoja de que tenemos suficiente raciocinio como para poder hacernos preguntas existenciales, pero generalmente no sabemos encontrar respuestas satisfactorias a esas preguntas. Y es un hecho que, a la mayoría de los individuos, la ausencia de respuestas válidas en ese aspecto les desequilibra porque les deja desamparados (no es lo mismo querer tener fe que tener fe) y, en consecuencia, confundidos y atemorizados.

Antes de profundizar en el análisis de ese defecto estructural, hay un curioso dato que es digno de mencionar: un pequeño porcentaje del ADN humano no es propio de la biología humana; es decir, es un añadido extraño a su naturaleza. ¿De dónde ha surgido ese “ADN artificial”? No lo sabemos y, a día de hoy, solo podemos hacer estériles conjeturas. Lo que parece claro es que ese ADN añadido no nos aporta nada bueno, desde el punto de vista de la inteligencia emocional.

Inteligencia emocional

Si una persona no sabe utilizar sus pensamientos y emociones de forma que le sean de utilidad para lograr un bienestar compatible con su paz interior; si, en vez de ello, se deja dominar por el incesante parloteo de la mente y las emociones viscerales e irracionales, ¿realmente se puede considerar inteligente?

Los animales se rigen por sus instintos, cada uno según su especie. A ninguno se le ocurre cuestionarlos ni se plantea desobedecerlos. Y en esa incapacidad para desobedecer esos instintos radica su equilibrio y armonía con la naturaleza.

Pero el ser humano sí tiene la capacidad de cuestionarse la vida, su papel en ella y sus acciones. De tal manera que puede elegir contravenir sus instintos, e incluso modificar el funcionamiento del medio ambiente si considera que le conviene.

Como consecuencia de esa capacidad mental de preguntarse constantemente “¿qué pasaría si hiciera esto o lo otro?”, sumado a la aparente incapacidad para responderse a las cuestiones existenciales que le angustian (lo admita conscientemente o no), el ser humano, a pesar de su inteligencia, sufre porque no logra entender cómo funciona la vida ni cómo desenvolverse en ella para vivir de forma mentalmente saludable. En lugar de ello, y a causa de su tormento interior, ha creado un mundo enfermizo: peligrosamente contaminado y psicológicamente estresante y malsano.

La vida del ser humano se ha convertido en una lucha incesante para refugiarse o huir de las cosas que teme: en primer lugar la muerte, si esta significa la extinción de la identidad que se ha forjado con su particular personalidad, pero también del clima adverso o de determinadas creencias socioculturales e imposiciones económicas que llevan a la mayoría de los individuos a vivir pobremente, mientras una minoría nada en la abundancia.

Es comprensible que el ser humano, a pesar de saber y poder llegar a sentir lo que el amor hacia los demás significa, en la lucha por su supervivencia e identidad se comporte egoístamente, en mayor o menor grado. No obstante, este mundo ofrece suficientes recursos como para que los ricos, una vez saciadas sus necesidades y lujos, pudieran repartir sus migajas con el resto de los habitantes para que estos logren subsistir dignamente, pero no ocurre así.

La élite

Por alguna razón, la élite que gobierna el mundo está insensibilizada frente a la empatía hacia sus semejantes (sin duda porque no los consideran sus semejantes). Y llegados a este punto, conviene aclarar que la élite que gobierna el mundo no son los ricos ni los gobernantes. Son aquellos a quienes ricos y gobernantes se someten, porque les deben favores o porque son incapaces de ir contra ellos. Por ejemplo, organismos como La Reserva Federal Estadounidense o la OMS, a quienes los gobiernos y la prensa obedecen, son privados y no democráticos, y tienen unos dueños que hacen seguir a la humanidad una agenda que ellos mismos han elaborado. Agenda que, disfrazada de altruismo, tiene una parte oculta que se desarrolla mediante la estructura piramidal que tan hábilmente han generado, porque sus intereses van más allá de un mayor enriquecimiento que no necesitan.

Dicho metafóricamente, los seres humanos somos un gallinero que tiene como cuidador al zorro. Y sabemos que el zorro no quiere liberar a las gallinas o mejorar su calidad de vida sino alimentarse de ellas. Si sabemos eso, aunque no podamos evitar que el zorro cuide el gallinero, no nos fiaremos de él y procuraremos evitarlo. Pero si nuestro grado de ignorancia es tan grande que no nos damos cuenta de que quien nos manda es el zorro, confiaremos ingenuamente en él y aceptaremos sus propuestas, con nefastas consecuencias para nosotros antes o después.

La cuestión es ¿cómo hemos llegado colectivamente a tal grado de ignorancia que, a pesar de las evidencias de la desastrosa situación mundial, aún no podemos aceptar que quien nos gobierna es un zorro?

Y la respuesta es muy sencilla: a lo largo de la historia, paulatinamente, el ser humano ha cedido su capacidad de reflexionar y analizar objetivamente los hechos (su capacidad de pensar, en definitiva) a aquellos que han logrado que se los considere como “figuras de autoridad”. Jefes políticos o religiosos (o políticos y religiosos a la vez), en primer lugar; pero también posteriormente a aquellos que el poder ha calificado de consejeros o “expertos” -con titulaciones avaladas por el sistema establecido-, sin importar si esos denominados expertos tienen conflictos de intereses con el poder que representan, a la hora de emitir los dictámenes ¿imparciales? por los que todo el mundo se va a regir después.

Ética y moral

Existen ciertos comportamientos que son comúnmente aceptados como correctos o incorrectos, desde el punto de vista ético universal. Por otra parte, además, en cada sistema sociocultural se han establecido una serie de creencias y conductas morales que son consideradas adecuadas o inadecuadas. Esas conductas y creencias establecidas, curiosamente, tienen la particularidad de que pueden evolucionar o involucionar con el tiempo y dependiendo de quién gobierne en cada momento.

Una vez que un sistema de creencias y valores triunfa (pensemos en el nazismo, el comunismo, el cristianismo o el islamismo, etc.), tiende a perpetuarse porque la gente que está convencida trasmite o impone ese convencimiento, desde su ámbito de influencia, a los demás (a veces con demasiada vehemencia). Y no hay mejor adoctrinador que una persona adoctrinada que no sabe que está adoctrinada, porque es sincero en su creencia equivocada.

Las personas, una vez así educadas/adoctrinadas, tienen una fuerte tendencia a creer y copiar aquello que oyen y ven hacer desde las esferas que ellas consideran válidas y competentes: Familia, escuela y aquellas figuras que hablen en nombre de la ciencia o la religión (pero que no son ni LA CIENCIA ni DIOS), las ideologías o el arte y los “influencers”, según sea el caso. Por consiguiente, mayoritariamente la gente acepta e integra esas creencias y conductas ya que las asumen como propias y, puesto que es su único marco de referencia desde la infancia, a casi nadie se le ocurre cuestionar la veracidad de ellas.

Para comprobar si determinado sistema de valores es verdadero, sería lógico preguntarse ¿Estamos mejor que antes? ¿Funciona? ¿Trae paz? ¿Trae bienestar? ¿Los gobernantes actúan en coherencia con lo que predican? ¿Hay justicia social?

Si la mayoría de las respuestas a estas preguntas son negativas, entonces, claramente podemos deducir que el sistema no funciona (¿te gusta el mundo que ves?) y, por consiguiente, es hora de buscar alternativas.

Pero la gente está tan dormida que ni siquiera se le ocurre hacerse esas preguntas tan simples, básicas y de sentido común. En esas condiciones, podemos pensar que buscar alternativas es una tarea ardua y estéril. Y tal vez sea así a nivel global, pero a nivel individual, tú si puedes y debes, ahora que lo entiendes, plantearte convertirte en buscador de un modo de vida alternativo y mejor al fracaso social que rige actualmente.

En realidad, la vida debe ser más que una lucha por la supervivencia a cualquier precio. Mientras vivimos, la vida continuamente nos plantea retos que aparentemente no hemos elegido pero a los que hemos de responder. Aceptarlos y atreverse a enfrentar nuestros particulares desafíos nos hace sentirnos más vivos y produce verdadera autoestima (porque no depende de los demás). Por el contrario, rendirse sin luchar ante una vida que no entendemos y que no nos gusta solo nos genera autodecepción (y sus nefastas consecuencias).

Buscar para encontrar

Todo aquel que se atreve a buscar respuestas que expliquen el porqué de la existencia de un mundo tan deliberadamente caótico, y aporten soluciones alternativas (aunque sea individuales) frente a la existencia de este mundo inhóspito, es un luchador. Y el que busca acaba encontrando lo que busca, siempre y cuando sepa dónde y cómo buscar. Por el contrario, quien no busca -o no sabe buscar correctamente- no encuentra o, peor aún, le son dadas unas creencias manipuladas interesadamente y que nunca son para favorecerle.

Pero elegir convertirse en buscador requiere voluntad, esfuerzo y fuerza mental para sobreponerse a la duda de la incertidumbre por el resultado en los momentos de debilidad. Por ello, para evitar ese esfuerzo y esa incertidumbre, la inmensa mayoría de la gente prefiere que otros piensen por ellos. De esa forma, su elección (que ellos consideran libre) se reduce a elegir entre uno de los varios esquemas de creencias prefabricadas que se le ofrecen. “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mateo 7:14)

Además del reto de buscar respuestas y soluciones alternativas, existe también el reto de, en medio de tantos impedimentos (traumas infantiles, represiones, manipulaciones, limitaciones, etc.), saber escuchar a nuestra verdadera naturaleza y ser coherente con ella.

Si miramos en nuestro interior, en vez de estar todo el tiempo comparándonos con los estímulos que vienen del mundo exterior (¿Qué dirán? ¿Qué pasará? ¿Es una amenaza?, etc.), podremos observar que nuestra verdadera naturaleza proviene de una fuente superior a la de los fieles animales. Esa parte “racional” está íntimamente ligada a una naturaleza divina. Una naturaleza que nos da, además de libre albedrío, capacidades emocionales únicas como la empatía, la ternura, el altruismo, apreciar la armonía, la honradez y la belleza, etc.

Los retos

Por lo tanto, a pesar de que no encontremos aún las respuestas que buscamos, tenemos ante nosotros el desafío de ser fieles a esa naturaleza espiritual que, cuando sabemos aislarnos del ruido exterior, percibimos su existencia y su realidad. Al tiempo que sentimos que, solo cuando nos dejamos guiar por esa naturaleza superior, nos sentimos equilibrados e íntimamente satisfechos.

En resumen, la vida es siempre un reto y nuestra misión es afrontar el reto o los retos que nos han tocado y, a pesar de esas circunstancias negativas, saber dar al mundo la mejor versión de la que seamos capaces según sea nuestro temperamento (iluminar la parte que nos corresponde para ser luz en la oscuridad en vez de dejarnos vencer por ella).

Joaquín Ferrer

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