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Esta herida se produce entre los tres y los cinco años.
Surge en el niño que ha sufrido la frialdad y el autoritarismo, generalmente del padre del mismo sexo. El niño ha podido sentir unas exigencias demasiado altas, sus progenitores han sobrepasado sus límites de forma habitual. La persona se ha sentido frecuentemente presionada bajo las expectativas de sus padres. En este sentido, puede que sus opiniones no fueran validadas, de tal manera que no ha sabido expresarse ni ser él mismo con ese padre. De alguna manera, no le dieron el derecho de ser niño.
Sabemos que la justicia es algo que cambia en los niños según sea su edad. Así, mientras que para un niño muy pequeño de apenas 3 años, todo lo que no sea atender sus necesidades y apetencias es ‘injusto’, para un niño de unos 8 años, es mucho más injusto que él reciba un castigo por algo que hizo o no hizo y que su hermano no lo reciba por un mal que considera ‘similar’. Pero, más allá de esas percepciones de los niños, sí hay hechos justos o injustos. Por ejemplo, hacer con frecuencia regalos a uno de los hermanos y al otro no, tratar a los hijos de forma diferente, tener preferencia por uno de los hijos y que el resto lo note…
RIGIDEZ Y AUTORITARISMO
El sentimiento de injusticia hará que el niño, cuando crezca, intente ser lo más rígido posible con todos y trate de volverse insensible; tendrá tendencia a ser un fanático del orden, poniéndose la máscara de autoritario, terriblemente perfeccionista y exigente consigo mismo y con los demás. Ese niño creció creyendo que si lo hacía todo perfecto a lo mejor le querían más. Muy poco dado al sentido del humor, será un adulto ante todo, racional. Tendrá problemas para canalizar sus emociones.
Cuando la persona contacta con esta herida a través de alguna experiencia cotidiana (objetiva o no), puede que exista un componente traumático del cual una parte de ella siente que debe protegerse. Así, la defensa psicológicas asociadas al posible trauma de injusticia es la rigidez.
Su gran miedo es el miedo a la frialdad emocional. Además, la defensa de rigidez cognitiva puede incluir: dificultad para aceptar las razones de los demás, dificultad para adquirir diferentes perspectivas, fuerte sensibilidad y reacción ante situaciones que la persona juzga como de injusticia, perfeccionismo.
LA PERSONA RÍGIDA
- No se lleva bien con su sensibilidad.
- Quiere mostrarse viva y dinámica, aunque esté agotada.
- Le resta importancia a las cosas que le molestan, afirmando que se las puede apañar bien sola.
- Siempre quiere ser y parecer positiva.
- Se controla para parecer perfecta y corresponder al ideal que se ha fijado.
- Hace lo necesario por controlar su ira por miedo a perder el control.
- En su necesidad de mantener el control, a veces va a mostrar injusta con los demás exagerando un hecho o dándole más importancia de la que tiene.
- No quiere sentir, ya que asocia la sensibilidad a la vulnerabilidad de perder el control y a parecer imperfecta de la cara a los demás.
- Puede parecer frío e insensible, con dificultades para establecer una relación íntima satisfactoria.
- Es muy duro con su cuerpo y sólo ocasionalmente admite estar enfermo. Se jacta de no necesitar medicamentos ni médicos.
- No se permite disfrutar de la sensación de que todo va bien o experiencias positivas internas de orgullo y satisfacción.
- Todo debe ser justo, estar justificado y ser justificable.
- Cree que sus conocimientos son más importantes que sus sentimientos.
- Cuando ha llegado a su límite, puede ser muy tajante, sarcástica, testaruda e intransigente.
RECUERDA
En mayor o menor medida, eres sensible como cualquier otra persona. No pasa nada, está bien, porque eres humano eres sensible, es inherente a tu persona aunque la vida te haya enseñado a dejar de sentir para dejar de sufrir. Por tanto, tienes derecho a expresar tus emociones con absoluta normalidad. Tampoco necesitas controlarlo todo. Entiende que el mundo seguiría girando y funcionando si tú no estuvieras en él, lo que representa un alivio para ti.
Además, tienes derecho a ser una persona imperfecta, todos los somos, pero eso no nos hace peores. Porque somos humanos somos imperfectos. Algunas cosas está bien pensarlas, pero permítete no pensar en otras y sólo sentirlas. Puedes expresar tristeza, miedo, o incluso ira, de forma natural y no pasa nada. Y, por supuesto, entiende que no siempre vas a tener razón (o el mundo no te la va a otorgar) por más elaborados y seguros que sean tus argumentos en torno a un tema. Flexibilízate. Permítete no estar seguro de las cosas. Permítete no hacer falta. Deja de querer sostener lo que no te corresponde. Acepta las cosas imperfectas, ordinarias y mediocres, también tienen derecho a existir y así son la mayoría de cosas.
