La Biblia no es la Biblia (1/2)

Artículo extraído del libro: NEOCRISTIANISMO: La revolución necesaria (Joaquín Ferrer).

El Origen

En el siglo X a.C. el Reino de Israel se divide en dos: el Reino de Israel en el norte y el Reino de Judá, con las tribus de Benjamín y Judá, en el sur. El primero incluyó en su territorio a Samaria; el segundo conservó Jerusalén.

En el año 853 a.C. Salmanasar III de Asiria y más tarde Sargón II en el 722 a.C. conquistaron las diez tribus norteñas de Israel y, según nos cuenta la Biblia, la mayoría de los habitantes fue deportada a tierras ocupadas por el imperio asirio y se trajo gente de otros lugares a Samaria. Así, dispersados entre otras naciones, asimilados en nuevas culturas, llegaron a perder su identidad original. Nunca volvieron, como pueblo, a la tierra de Israel, se les llamó Las diez tribus perdidas.

El Reino de Judá tuvo una vida más larga que el de sus hermanos, existiendo hasta el año 586 a.C., cuando fue conquistado por el Imperio babilónico y parte de la población, sobre todo la nobleza, fue deportada a Babilonia. A ello se hace referencia comúnmente con la expresión Cautiverio de Babilonia.

En dicho cautiverio, aunque en palabras del profeta Daniel “los hebreos valiosos eran ubicados en cargos importantes de la administración imperial”, lo cierto es que se veían forzados a vivir bajo las costumbres babilónicas.

En ese contexto, en el que la clase dirigente judía vivía deportada y bajo costumbres ajenas a las suyas, sumado a la memoria de la desaparición de las demás tribus israelitas, el miedo a la desaparición de su raza y su cultura estaba muy presente.

Para evitarlo, se fue fraguando la idea de narrar su historia, creencias y costumbres en un conjunto de escritos que tuvieran el poder de unificar y revitalizar su maltrecho sentido de identidad.

El hecho más característico de la identidad hebrea es la creencia en la existencia de un solo Dios y, dado que eran el único pueblo que sostenía esa convicción, se consideraban a sí mismos el pueblo elegido por Dios para dar a conocer al resto de la humanidad su existencia, su naturaleza y su voluntad divina.

Así pues, durante el destierro en babilonia, un grupo selecto de judíos se enfrascó en la tarea de redactar los documentos que nosotros denominamos la Biblia.

La Biblia actual

Es una recopilación de textos escritos en hebreo clásico (pero no antiguo), algo en arameo y finalmente también en griego, escritos durante un periodo muy dilatado y después reunidos para formar el Antiguo Testamento. Empezó durante la cautividad de Babilonia y se terminó alrededor del año 50 a.C. con el libro de la Sabiduría.

La escritura hebrea empezó a formarse alrededor del año 1.000 a.C. (hebreo antiguo) y tuvieron que transcurrir varios siglos para que sus normas ortográficas se unificaran y consolidaran. Por lo tanto, difícilmente puede haber textos escritos más antiguos, como suele afirmarse y que se atribuyen a Moisés.

Según la tradición abrahámica, Moisés debió habitar en el siglo XIV a.C. Esto plantea varias contradicciones con lo que hoy día sabemos de esa época. En el siglo XIV aún no había escritura hebrea (algo más tarde se empezó a escribir en paleo-hebreo, aún anterior al hebreo antiguo). Ya no solo es que el Éxodo esté escrito por varias fuentes y por un redactor que las unió, sino que estas fuentes ni siquiera proceden de la época de la que hablan. Así pues, los textos pretendidamente sagrados dictados por Moisés, histórica y gramaticalmente es imposible que así lo fueran.

Los relatos del Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia) y los posteriores, tenían como propósito principal el unificar a un pueblo, y centralizar toda su administración mediante la fórmula clásica de crear una religión, con una deidad monoteísta que diera a los sacerdotes la autoridad pertinente y necesaria. Para ello, los sacerdotes y escribas, tomaron todas las leyendas que estos pueblos tenían (Yahvistas y Elohistas) y las unieron en un único libro, el Tanaj (Torá o Antiguo Testamento). Además, introdujeron la esperanza en la llegada de un mesías que haría que su Dios verdadero triunfara en toda la humanidad.

PLAGIOS

Para elaborar esa magna obra, que narra la historia del pueblo judío partiendo desde la creación del mundo, y por voluntad divina dicta las normas por las que tienen que regirse, no tuvieron inconveniente en plagiar pasajes y mitos de literatura sumeria que conocieron en Babilonia. Así, por ejemplo:

EL MITO DEL DILUVIO ya está contenido en la Epopeya sumeria de Gilgamesh (anterior a la existencia del pueblo judío) -así como el engaño de la serpiente-, y constituye un claro precedente de la historia bíblica del diluvio universal que se narra en el Génesis. “Demuele esta casa, construye una nave… A bordo de la nave lleva la simiente de todas las cosas vivas… Toda mi familia y parentela hice subir al barco. Las bestias de los campos, las salvajes criaturas de los campos… El diluvio amainó en la batalla que había reñido, la tempestad se apaciguó, el diluvio cesó. Contemplé el tiempo: la calma se había establecido, y toda la humanidad había vuelto a la arcilla…. Envié y solté una paloma. La paloma se fue, pero regresó; puesto que no había descansadero visible, volvió…”

EL RELATO DEL NACIMIENTO DE MOISÉS, se escribió a partir de una historia familiar importante, la de Sargón de Akkad (2.270 al 2.220 a.C.).

Un texto asirio del siglo VII a.C., que se presenta como la autobiografía de Sargón (de origen semita, como los hebreos), afirma que el gran rey era el hijo ilegítimo de una sacerdotisa. En el texto Sargón cuenta su nacimiento, y su primera infancia se describe así: Mi madre, la gran sacerdotisa, me concibió y me tuvo en secreto. Me colocó en una canasta de mimbre, y la selló con betún. Me depositó en el río, que me llevó. El río me tomó y me llevó hasta Akki, el Aguador. Akki, el Aguador, me tomó como hijo y cuidó de mí. Akki, el Aguador, me nombró su jardinero. Mientras era jardinero Ishtar me ofreció su amor, y por […] años goberné como rey.»

 – En el MITO DE LA CREACIÓN SUMERIO, los dioses que habitaban la tierra (elohim) crearon a los hombres (y mujeres) del barro para liberar a estos de sus trabajos. Es decir, para utilizarlos como sirvientes o esclavos.

En un momento dado, el dios Enki, haciendo experimentos enferma y le duele la costilla. Entonces su esposa, la diosa Ninhusarg, crea del barro a una mujer para que le sirva de enfermera. Ahora bien, en sumerio, el vocablo TI significa a la vez “costilla” y “hacer vivir”. Y en un juego de palabras, los escritores sumerios llamaron a esa mujer creada, la “dama que hace vivir”.

Cuando ese relato se incorporó a la Biblia, naturalmente el juego de palabras perdió todo su valor, ya que en hebreo las palabras que significan «costilla» y «vida» no tienen nada en común.

En esa adaptación de la narración, como sabemos, Eva nace de la costilla de Adán, y como consecuencia se ha considerado tradicionalmente que la mujer está supeditada al hombre.

Esa traslación de la historia ¿ha sido inspirada por Dios?

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El cristianismo espiritual 2

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Y los frutos son que a los creyentes bienintencionados, al mismo tiempo que se les habla de obediencia y de que amar es un deber, se les infunde “temor de Dios” y miedo al infierno (vibraciones negativas) mientras que la alta jerarquía, al conocer pero ocultar la manipulación de las sagradas escrituras, se convierten en cómplices y “guías ciegos… porque le niegan a la gente la entrada al reino de los cielos, y ni ustedes entran, ni tampoco dejan entrar a los que quieren hacerlo (Mateo 23)”.

Sin embargo, con el auge de la mentalidad lógico-científica, cada vez hay menos gente dispuesta a obedecer esos dogmas irracionales en los que la mayoría de las religiones se basan, sin cuestionarlos.

El hecho de haber dejado en manos de la religión la autoridad exclusiva en cuestiones metafísicas, nos ha hecho sentir defraudados por los resultados obtenidos, y ha llevado a pensar con desesperanza que no hay soluciones válidas a las preguntas existenciales, ya que la religión no nos proporciona respuestas sólidas y fiables. En ese contexto, se va produciendo un descreimiento y paulatino abandono de las creencias religiosas y, en consecuencia, una creciente sensación de orfandad espiritual, que se intenta llenar inútilmente con la vana vanidad, el materialismo o supersticiones.

Así pues, mientras alguna gente llega a la vehemencia religiosa, en sentido contrario, como reacción a los efectos históricos de ese fanatismo, otra mucha gente siente aversión, indiferencia o tiene prejuicios contra esas creencias. De esa forma la religión se convierte en una fábrica de ateos. Lo lamentable es que, cegados por esa polaridad visceral, unos y otros se alejan de las auténticas enseñanzas del líder espiritual al que adoran o aborrecen. Se alejan hasta llegar a desconocerlas por completo.

Por añadidura, la sociedad actual está poseída por un estresante y superficial estilo de vida, y la tecnología nos incita a demandar todo con inmediatez. De esa manera, el ser humano no encuentra tiempo para la serena introspección, para reflexionar sobre las preguntas existenciales, que son consustanciales a la naturaleza humana, y en cuyas respuestas esperamos encontrar consuelo a nuestras ansias de trascendencia.

A pesar de ello, todo el mundo admira y reconoce las aportaciones que hicieron a la humanidad grandes maestros espirituales (como Buda o Jesucristo), quienes, con su elevada sabiduría y ejemplo de integridad, son una gran fuente de inspiración para aquellas conciencias que aún no se rinden en su búsqueda de una verdad superior a la materialista.

No por capricho, en la cultura occidental contamos los años teniendo como referencia la fecha del nacimiento de Cristo. Es un homenaje a la vital y genuina aportación al mundo de sus enseñanzas, tanto en lo referente a la luz que aportó a la búsqueda espiritual como al desarrollo de un pensamiento conciencial más elevado en el ser humano.

Para superar el bloqueo que la citada mala interpretación religiosa provoca en nuestro progreso espiritual, hemos de atrevernos a indagar en el verdadero sentido de las enseñanzas del gran maestro espiritual de la cultura occidental: Jesús.

Con ese propósito, en el libro NEOCRISTIANISMO (La revolución necesaria) vamos a redescubrir o recordar la singularidad de su mensaje original. Dicho libro pretende ser un viaje transformador, en el que se aclaran conceptos y se desmontan ciertos mitos sobre su figura, a la luz de los hechos históricos demostrables. Especialmente teniendo en cuenta su enigmática advertencia de que “muchas cosas tengo todavía que deciros, pero no podéis entenderlas ahora (Juan 16:12)”.

Después, una vez separado el trigo de la paja, en su ejemplo de vida y sus parábolas descubrimos a un Jesús romántico y cuyo «reino no es de este mundo». Él nos muestra la verdadera naturaleza amorosa del Espíritu y cómo sentir el gozo de dejarse guiar por la conciencia del amor. Nos anima a hacer el bien para expresar así nuestra auténtica naturaleza espiritual, no exactamente esperando una justa recompensa.

En definitiva, como comprenderemos en el citado libro, Jesús vino a ayudarnos a recordar que somos seres de luz para que, cuando lo redescubramos y lo sintamos en nosotros, volvamos a ser seres realizados, equilibrados y con paz interior, por vivir de acuerdo con nuestra verdadera naturaleza espiritual de hermandad y amor.

curso de biodescodificación online. bioneuroemoción. psicodescodificaciónNOTA: Esta disponible para su descarga gratuita el documento EL EVANGELIO UNIFICADO, que forma parte del libro NEOCRISTIANISMO.

Joaquín Ferrer

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El cristianismo espiritual

Artículo basado en el libro NEOCRISTIANISMO: La revolución necesaria.

Actualmente, el cristianismo tradicional está desprestigiado. Sin embargo, me atrevo a decir que si las verdaderas enseñanzas de Jesús triunfaran globalmente, su luz iluminaría las conciencias y mostraría el camino para alcanzar la paz personal, la realización individual y la salvación espiritual.

Él nos dice que la esencia de Dios es el Amor, porque es la vibración más pura y elevada y es autoexistente. Por lo tanto, cuando sentimos y fomentamos en nosotros la emoción del amor, estamos caminando por la senda salvadora que él nos señaló.

Además, una vez que esa verdad espiritual ha sido revelada, para caminar por esa senda no es imprescindible conocer a Jesús o creer en él. Cualquier ser humano tiene la capacidad innata de sentirla y aceptar el reto personal de vivir en coherencia con ese sublime sentimiento. De igual modo, aun creyendo en Jesús y conociendo el camino redentor, no todo el mundo sabe estar siempre a la altura para dar la mejor versión de sí mismo que pueda.

Como apoteosis final, para demostrarnos el poder del espíritu “santo” sobre la materia y que la muerte física no significa la extinción de nuestra alma, Cristo resucita y se deja ver palpablemente ante sus seguidores y seres queridos. “No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar al alma”.

Cuando analizamos la evolución de la primitiva iglesia cristiana inspirada en las palabras y obras de Jesús, hasta convertirse en una rígida estructura jerárquica con dogmas irracionales, es fácil deducir que el mensaje de Jesús ha sido intencionadamente tergiversado en algún momento.

“La luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la comprendieron (Juan 1:15)”. “Otros han estado con los que se rebelan contra la luz; no quieren conocer sus caminos, ni morar en sus sendas (Job 24:13-17)”. “Padre nuestro… líbranos del Mal”.

Así como existen los planos espirituales celestiales, existe también un nivel de bajo astral en el que habitan seres que, voluntariamente o confundidamente, prefieren seguir orientados hacia esas muy bajas vibraciones. Sería ingenuo pensar que las fuerzas que habitan en ese Reino de la Oscuridad fueran a rendirse porque Jesucristo cumplió su misión terrenal y abrió el camino que conduce de regreso al Hogar Celestial.

Mientras que la inextinguible vibración del Amor se retroalimenta de la emoción del amor, la Oscuridad se alimenta de nuestras bajas vibraciones. En consecuencia, para las fuerzas oscuras es vital mantenernos en las tinieblas. Ya sea en el plano material o en el plano astral, nuestras bajas pasiones y nuestra visceralidad son su alimento.

Por lo tanto, aunque no puedan cerrar el camino de retorno abierto por Jesús, si pueden confundirnos o extraviarnos sutilmente para que nunca lo encontremos o para que, aunque lo encontremos, no tengamos la fuerza anímica suficiente para seguirlo. De hecho, mantenernos atrapados en su telaraña de miedos, apegos y egos se les da muy bien.

¿Cómo empezó a distorsionarse la obra de Jesús?

Como analizamos con detalle en el libro NEOCRISTIANISMO (La revolución necesaria), muchos expertos consideran que el autoproclamado apóstol Pablo distorsionó las enseñanzas de Jesús pues, aunque sus arduos esfuerzos evangelizadores eran meritorios y estaban llenos de buena fe, involuntariamente su interpretación estaba equivocada (él se guiaba por una voz que oía en su cabeza, que le decía que era Jesús y cómo tenía que interpretar su obra y su mensaje; a pesar de que dicha interpretación muchas veces no coincidía con las enseñanzas que recibieron los verdaderos apóstoles). Sin embargo, esa confundida interpretación fue la que finalmente prevaleció.

León Tolstói, por ejemplo, afirma que Pablo contribuyó decisivamente a la “desviación” de la iglesia de la enseñanza y las prácticas de Jesús. Además, posteriormente, los partidarios de Pablo tuvieron una influencia excesiva y decisiva en la revisión y «retoque» de las escrituras originales, incluyendo a ciertos obispos afines y al mismo Papa.

Parece que el temperamento vehemente y carismático de Pablo resultó ideal para ser seducido a creer las cosas que esa engañosa voz interna le decía. Sin embargo, como dijo Jesucristo: “Por sus frutos los conoceréis”.

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